La que fuera primera delegada de Manos Unidas en Córdoba, Pilar González, recibió ayer de manos de Juan José Asenjo, administrador apostólico de Córdoba y arzobispo coadjutor de Sevilla, la medalla Pro Ecclesia et Pontifice, que reconoce la fidelidad a la Iglesia y el servicio a la comunidad eclesial. González, de 90 años y que recibió la distinción en un acto celebrado en la parroquia de San Nicolás de la Villa, ha dedicado toda su vida a trabajar por los más necesitados desde Manos Unidas y otras oenegés católicas.