El partido estaba a punto de comenzar y los forofos buscaban banderas desesperadamente. En un bazar chino habían vendido cientos de enseñas roji-gualdas. Estaba todo agotado, pero un oriental muy listo o algo despistado me dijo que sí, que podía contar con la roja. Me sentí feliz. El joven abrió la caja. Era roja completamente con 5 estrellas amarillas, pero no era la nuestra, sino la china.