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Arranca la nueva legislatura

Guardiola tomará posesión como presidenta de Extremadura este viernes en el Anfiteatro Romano de Mérida

Es la primera vez que el monumento romano, donde se reproducen luchas de gladiadores y el Vía Crucis de la Semana Santa, alberga un acto institucional

Guardiola tomará posesión como presidenta este viernes en el Anfiteatro Romano de Mérida

Guardiola tomará posesión como presidenta este viernes en el Anfiteatro Romano de Mérida / Javier Cintas

Rocío Entonado Arias

Mérida

María Guardiola tomará posesión este viernes como presidenta de la Junta de Extremadura en el Anfiteatro Romano de Mérida. Será la primera vez que el monumento emeritense, donde en la actualidad se reproducen luchas de gladiadores y el espectacular Via Crucis de la Semana Santa de la capital autonómica, albergue un acto de este tipo.

La toma de posesión se celebrará apenas dos días después de que la dirigente popular haya sido reelegida tras sellar un acuerdo de gobierno con Vox. El acto servirá para escenificar, ya fuera de la Asamblea de Extremadura, el inicio formal de un mandato que nace tras cuatro meses de bloqueo, una investidura fallida en marzo y una negociación áspera con su socio indispensable.

Del museo al anfiteatro

En 2023, Guardiola juró el cargo en la nave principal del Museo Nacional de Arte Romano (MNAR), en una ceremonia sobria ante alrededor de 500 invitados, en el mismo emplazamiento que había elegido José Antonio Monago en 2011. Entonces el acto tenía el peso simbólico de la novedad: Guardiola se convertía en la primera mujer en presidir la Junta de Extremadura y emulaba aquella primera legislatura histórica presidida por el PP en Extremadura.

Ahora, en cambio, el tono será distinto. Ya no se trata de la irrupción de una nueva presidenta, sino de la confirmación de una dirigente que ha atravesado una legislatura abrupta, una ruptura con Vox y una nueva reconciliación hasta regresar al mismo punto de partida: el gobierno compartido.

Patrimonio de la Humanidad

El anfiteatro romano, concebido como recinto para luchas de gladiadores y fieras, forma parte del conjunto arqueológico emeritense declarado Patrimonio de la Humanidad. Llevar allí la toma de posesión añade inevitablemente una capa de lectura política a un acto que llega después de meses de desgaste, tiras y aflojas y pulso entre socios.

Por el momento, la Junta de Extremadura no confirma de la presencia de dirigentes nacionales y ha centrado la comunicación del acto en el escenario, la hora y el dispositivo previsto para el viernes. Además, la ceremonia al aire libre queda pendiente de la meteorología: se mantiene como alternativa el Palacio de Congresos, pues la previsión para la tarde del viernes apunta sobre todo a cielos cubiertos en Mérida.

En 2023 nadie quiso perderse el estreno institucional de Guardiola. A Mérida acudieron los tres expresidentes extremeños, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, el ya fallecido Guillermo Fernández Vara y José Antonio Monago. También se dejaron ver dirigentes nacionales del PP, como Elías Bendodo, además de alcaldes, cargos territoriales y representantes de sectores con peso en la comunidad, especialmente del campo y de la caza, en un momento en que el nuevo Ejecutivo nacía ya condicionado por el pacto con Vox.

Guardiola, de blanco

Aquel día, los diputados de Vox llegaron juntos, encabezados por Ángel Pelayo Gordillo, que fue candidato en 2023. El clima dejaba ver ya la alianza incipiente entre populares y ultras, todavía envuelta en la novedad del cambio político. Guardiola vistió de blanco, estrenando una costumbre que repite en sus citas políticas más señaladas. Accedió por la galería superior y pronunció un discurso de fuerte carga simbólica en el que prometió una Junta "a ras de tierra" y reivindicó una etapa de esperanza. El himno de Extremadura cerró la ceremonia.

El acto servirá además como antesala del siguiente movimiento: la formación del nuevo Ejecutivo y el aterrizaje efectivo del pacto en la estructura del gobierno. Es ahí donde empezará la parte más delicada. Porque la toma de posesión fija una imagen de unidad, pero no resuelve por sí sola las tensiones que han acompañado la negociación ni los interrogantes sobre la convivencia futura entre ambos socios.

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