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UN CAFÉ EN LAS ALTURAS

Irene Villa, víctima de ETA: "Es doloroso que quienes han asesinado ocupen cargos, pero si lo decide el pueblo…"

Superviviente de un brutal atentado con coche bomba cuando tenía 12 años, esta mujer, convertida en símbolo de superación, perdona y pasa página, pero no olvida: "Olvidar es una traición a las víctimas"

Un café en las alturas: Irene Villa / PI STUDIO

Armando Huerta

Madrid

El 17 de octubre de 1991 un zarpazo de la banda terrorista ETA estuvo a punto de acabar con su vida y la de su madre cuando, a primera hora de la mañana, iban en coche al colegio en el madrileño barrio de Aluche. Volvieron a nacer, pese a que Irene Villa perdió ambas piernas y tres dedos de una mano, y su madre, María Jesús, un brazo y una pierna.

La crueldad de ese destino no impidió que ambas, madre e hija, salieran adelante tras vivir en sus carnes el infierno y afrontaran la vida con esperanza y entereza, y sin odio: “Dejar de odiar cuesta muchísimo más que no llegar a odiar nunca”.

“Perdonar es la forma más sana de pasar página pero, por supuesto, no se puede olvidar; olvidar es una traición a las víctimas”, asegura. “El ser humano, si quiere seguir adelante, ser resiliente y ser feliz, tiene que tener esperanza; perdonar, agradecer y confiar son tres máximas que realmente te reconcilian con la vida”, añade.

En relación a la presencia de dirigentes de ETA como Arnaldo Otegi o Elena Beloki en las instituciones, se muestra contundente: “Yo siempre quise que a luchar, al Parlamento; no poniendo bombas o pegándote un tiro por la espalda. Yo siempre he querido un estado de derecho en democracia. Que cada uno dé su opinión y se hable pacíficamente y sin asesinar”. Asegura que “es doloroso que quienes han asesinado y han secundado esa lucha sangrienta hoy tengan los cargos que tienen”, aunque se aferra a los principios democráticos cuando, acto seguido, apostilla: “Pero si eso lo decide el pueblo, pues lo que decida el pueblo”.

En esta conversación Irene Villa explica la forma en que, con los años, ha sido capaz de transformar el infierno vivido en una fuerza vital que le ha llevado a no rendirse nunca, a sobreponerse en lo emocional y a convertirse en todo un símbolo del espíritu de superación: “Todo se supera cuando abrazas el dolor, descubres qué lección hay escondida y sales adelante; el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”.

El día del trágico atentado, su padre, cuando llegó al hospital y conoció la dimensión de la desgracia, dijo: “No la salvéis, no quiero para mi niña una vida desgraciada”. Esta anécdota tan sumamente reveladora del sufrimiento vivido lleva a Irene Villa a reflexionar también sobre la eutanasia y sobre la situación psicológica que atraviesan aquellas personas que, por una depresión, un accidente o una enfermedad, no se ven con fuerzas de agarrarse a la vida y morir: “Los dolores son tan íntimos y sugestivos, tan poco comparables, que lo que diría a esas personas es que pidan ayuda profesional."

En el plano personal, habla también del deporte, que tanto la ayuda: “El deporte ha sido magia en mi vida”. Irene Villa, amante del esquí alpino adaptado, ha logrado oros en eslalon y plata en gigante: “Abrimos el camino a las que hoy están ganando en el mundo, la verdad es que es uno de los mayores retos de mi vida porque me he caído, me he lesionado, me ha pasado de todo, pero es un orgullo como lo es que ahora nuestras campeonas estén en las Paraolimpiadas. Es alucinante”.

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