Funeral del expresidente de la Junta de Extremadura
Despedida de Vara: "¿Cómo tenía cariño y tiempo para tanta gente?"
Quienes conocieron a Guillermo Fernández Vara comparten un sentimiento de orfandad tras su muerte. Todos coinciden al recordarlo como una persona comprometida con las causas sociales, amiga de sus amigos, cercana, un gran defensor de su tierra y sus tradiciones y un vecino más de su querida Olivenza, donde sus paisanos ya han empezado a notar su ausencia

José María Núñez, presidente de Fundación Triángulo. / LA CRÓNICA
«Mi gran pregunta es: ¿cómo tenía cariño y tiempo para tanta gente?». Son palabras de José María Núñez, presidente de Fundación Triángulo, al recordar a Guillermo Fernández Vara. «Ha sido mucho más que un presidente para muchos extremeños y la sensación que tengo es de absoluta orfandad», reconocía este lunes tras su funeral. Lo demostró con muchas causas, una de ellas el movimiento LGTBI.
«Cuando nadie estaba, él estuvo», contaba Núñez. Hace 30 años, cuando se hizo el primer manifiesto del Orgullo, solo hubo dos firmas: la de Amnistía Internacional y la de Guillermo Fernández Vara. «Nadie más y esas cosas no se olvidan», valoraba. Siguió con su apoyo y su mano tendida hasta el final. «Extremadura ha perdido mucho con su marcha», lamentaba.
Su experiencia con Vara no es única. Esas sensaciones y recuerdos que dejó en todos los que lo conocieron son compartidos. «Siempre me demostró que era una gran persona», aseguraba Antonio Cachola, expresidente del club de fútbol Cerro de Reyes, después de dejar un mensaje en el libro de condolencias de la Casa del Pueblo de Olivenza. Su amistad con Fernández Vara comenzó hace varias décadas a través de Rodríguez Ibarra. «Nunca lo he visto enfadado públicamente y si podía hacerte un favor, te lo hacía. Hace cuatro o cinco años le pedí uno, no pudo hacérmelo y cuando vino a decírmelo, se le saltaron las lágrimas: Ese era Guillermo, un pedazo de tío», decía con emoción.

Cachola firma en el libro de condolencias de la Casa del Pueblo. / LA CRÓNICA
María Coronada llegó ayer a la iglesia de la Magdalena con una rosa roja en la mano. «Mi símbolo es el clavel, porque pertenezco al Partido Comunista, pero hoy traigo el suyo, la rosa», contaba visiblemente emocionada. No compartían ideología, pero se profesaban afecto mutuo. La acompañó cuando murió su marido y estuvo a su lado cuando le dedicaron una calle en Olivenza. «Era un amigo», aseguraba. «En política, se sustituyen unos a otros, es lógico, pero su humanidad, su cercanía con todo el mundo es difícil de sustituir», reflexionaba. Lo vio hace poco más de un mes en la calle Baldocines de Olivenza, se abrazaron y le dijo «ahora hacemos mucha falta», recordaba antes de dejar su rosa roja sobre el féretro.

María Coronada, con su rosa roja para Fernández Vara. / LA CRÓNICA
Al funeral acudieron también representantes del mundo taurino, entre ellos, el empresario José Domínguez. Conoció a Vara cuando era concejal en Olivenza, en la época de Ramón Rocha en la alcaldía. «Siempre ha apoyado al sector de la tauromaquia y siempre le estaremos agradecidos», reconocía. «Siendo de Olivenza, con una de mejores ferias de España, mejores ganaderías y la mejor dehesa del mundo, tenía que ser marca de la casa que le gustasen los toros; todos los años tenía sus abonos, pero también iba a otras plazas a apoyar a los toreros extremeños», valoraba Domínguez.

El empresario taurino Jesús Domínguez. / LA CRÓNICA
Lo echarán de menos en el coso oliventino y también en el Paseo Grande. «Allí nos sentamos todos los pensionistas y él venía como uno más», decía Antonio Martínez, que ayer quiso acercarse a la iglesia de la Magdalena para dar su último adiós a quien con tantas veces compartió charla. «Hablábamos de todo, con él no había problema», decía. Lo vio fue pocos días antes del Día de Extremadura. «Vino a despedirse de nosotros, nos dijo que se iba a Badajoz». Antonio nunca pensó que sería su último encuentro en el Paseo Grande.

Antonio Martínez. / LA CRÓNICA
También en el restaurante Dosca, frente a la iglesia de la Magdalena, van a tener que acostumbrarse a su ausencia. Su dueño, Juan Francisco Cayado, no ha abierto hasta que ha terminado el funeral, «por respeto y amistad». Guillermo pasaba con frecuencia a saludarlo. «Me preguntaba qué estaba tomando yo y me decía, ponme lo mismo y nos bebíamos una manzanilla». La última vez que pasó por el bar fue hace un mes «y se comió un bocadillo de jamón». Su salud había empeorado, pero trataba de mantener sus costumbres.

Juan Francisco Cayado, propietario del restaurante Dosca. / LA CRÓNICA
Olivenza ha perdido a un hijo de España y un nieto de Portugal, como él mismo se definió alguna vez, y sus paisanos «a un amigo y una persona inmensa».
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