Salir de Afganistán

El Gobierno agiliza los trámites de asilo para los refugiados afganos

Un total de 1.105 personas han llegado por la base de Torrejón. De ellas, 613 han pedido asilo en España

Llegada de afganos evacuados de Kabul a la base aérea de Torrejón de Ardoz.

Llegada de afganos evacuados de Kabul a la base aérea de Torrejón de Ardoz. / José Luis Roca

Juan José Fernández

El Ministerio del Interior tramita "al minuto cero" cada petición de protección internacional que, al pisar suelo español, formulan las personas que el Gobierno está evacuando de Afganistán. Las palabras son del ministro Fernando Grande-Marlaska, que este martes visitó por segunda vez a los funcionarios y personal voluntario que trabaja en el dispositivo de acogida.

"Traeremos a toda la gente que sea posible, a la mucha gente que esté en riesgo, y hasta el último momento en que sea posible", dijo el titular de Interior tras recibir personalmente a 290 personas que llegaron al anochecer en un avión de aerolínea civil procedentes de Kabul, previa escala en Dubái. El vuelo traía una mayoría de mujeres y niños, todos familiares de colaboradores de las misiones militares y diplomáticas que ha desplegado España en Afganistán desde 2001.

El proceso de asilo se inicia directamente en el hangar que, a pie de pista de la base aérea de Torrejón, los militares del Ejército del Aire han convertido en centro de recepción, filiación y examen médico. En el local, entre los chalecos caqui de los traductores y los psicólogos y los rojos y blancos del personal sanitario, se ven unos cuantos uniformes de color azul marino. Son los de policías que, con ordenadores portátiles y una impresora, esperan a que cada refugiado formule su petición de ser protegido por España.

Se trata de funcionarios de la Oficina de Asilo y Refugio y de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras de la Policía Nacional. Fuentes de Interior aseguran que trabajan "con la máxima rapidez", si bien ponen cuidado en no reseñar que los trámites de acogida se lleven a cabo más rápido que los de las miles de peticiones que tiene el Estado en un cuello de botella administrativo.

"Hay en el paso lento de las filas de recién llegados una asiática dignidad, una expresión estoica en las caras"

Solo en 2020, año de pandemia, se registraron 88.762 peticiones de asilo en España, la mayoría de colombianos y venezolanos. Obtuvieron un sí en tiempo y forma un 5%. La ley establece un plazo de seis meses, ampliable a 21, para tramitar una de estas solicitudes. Pero el plazo regular se alarga más de lo prescrito en una media de unos 15.000 casos al año.

El migrante tiene en esos retrasos una situación administrativa difusa: posee un papel que le acredita como peticionario de asilo, pero no tiene residencia legal en España y el silencio administrativo le pone en riesgo. Una sentencia de 2020 del Tribunal Supremo al menos autoriza a los candidatos a asilados a moverse por el país con el requisito, a veces imposible de cumplir, de dar un domicilio a efectos de notificaciones.

Este no es el caso de los afganos que huyen del infierno de su país. Todos tendrán durante su proceso de aclimatación, "mientras ganan autonomía" -como explicó el ministro de Inclusión, José Luis Escrivá, tras recibir el primer vuelo de Kabul- un techo proporcionado por la red estatal de centros de acogida.

"¿Necesita pañales?"

Tras el vuelo del último anochecer, se contaban ya 1.105 personas originarias de Afganistán que han llegado a España por la base de Torrejón. De ellas, 613 han pedido asilo en territorio español. El resto, explicó Grande-Marlaska, esperan hacerlo en otros países de la UE.

Cada pasaje que aterriza en Torrejón compone el mismo cuadro emocionante: un grupo de personas agotadas, con niños perplejos de la mano. Los pequeños más despiertos miran con curiosidad el entorno; los más recelosos lloran cuando se aproxima una sanitaria y les apunta con un termómetro electrónico en la mano. A algunos, especialmente ensimismados, la enfermera les chasca los dedos delante de los ojos rápido y en varias posiciones, para descartar que se encuentren a medio desmayar.

Hay en el paso lento de las filas de recién llegados una asiática dignidad, una expresión estoica en las caras. Algunas mujeres vienen embarazadas, y el dispositivo las aparta rápido para hidratarlas y darles asiento. Otras vienen con un capazo de bebé entre los brazos y asienten con la cabeza ante la primera pregunta: "¿Necesita pañales?".

En los vuelos más afortunados, cada refugiado puede incluir una maleta. En los primeros, de avión militar A400M, solo cabían las personas y, acaso, un bolso grande de mujer o un capacho. Casas y parcas haciendas quedaron atrás. Los que llegan saben inglés, algunos incluso hablan español. Forman parte de las capas ilustradas de la sociedad afgana, o son despiertos conocedores de la geografía humana y física del país. Fueron traductores, ayudantes, guías o intermediarios de los militares españoles y europeos, o del personal sanitario y de cooperación de la embajada.

Después de días de lucha por llegar al aeródromo Hamid Karzai de Kabul, y de terrible espera entre la multitud, llegan con las ropas muy arrugadas y aspecto de necesitar una ducha y una cama con urgencia. Alguno, mientras espera en fila en la pista de aterrizaje, aparta la mirada del hangar y saluda con la mano a sus anfitriones. A otros ha visto este diario llevarse esa misma mano a la cara para tapar unas lágrimas.