Cisma entre el Govern y la CUP en el primer aniversario del referéndum del 1 de octubre y a las puertas del debate de política general previsto para mañana por las últimas maniobras de los Mossos d’Esquadra. La actuación policial orquestada por el conseller Miquel Buch en las manifestaciones que se sucedieron el sábado en el centro de Barcelona ha levantado ampollas entre los socios independentistas, y especialmente punzantes han sido las acusaciones cruzadas tras el revuelo que han generado las imágenes que muestran cómo los agentes desenfundaron porra y escudo contra los miembros de los CDR que pretendían boicotear una marcha de policías en el centro de Barcelona.

Tras la insistente exigencia de la CUP a que Buch abandone la conselleria y que el president Quim Torra «asuma responsabilidades», cuando los CDR ya exigieron el cese de ambos dirigentes y les tacharon de «traidores», el líder del Ejecutivo salió en su defensa en TV-3 y negó que fuera a ser apartado. Asimismo, apostilló que se abriría una investigación para esclarecer los hechos, tras admitir que alguna actuación policial no se ajustó a los protocolos establecidos.

El consejero de Interior no escondió ayer su malestar con los cupaires en Catalunya Radio y RAC1, y censuró que «no hubo cargas policiales» y que los agentes «aguantaron los cordones policiales». «Logramos que no hubiera males mayores con un enfrentamiento que habría podido ser muy violento», razonó, y arremetió contra los anticapitalistas instándoles a «aclarar si apuestan por la vía de la violencia» para lograr la independencia de Cataluña. «Gente con esteladas pegando a otros (de distinta ideología) no nos lo podemos permitir... Si se hubiese roto el cordón, el procés habría cambiado de índole y no recibiría tantas simpatías», aseguró, y defendió que su operativo estaba diseñado para «evitar una batalla campal» entre los CDR y los manifestantes de la asociación de policías y guardias civiles. «Están falseando la realidad», remachó contra los dirigentes cuperos, y sentenció que «no se le ha pasado por la cabeza dimitir».

AUTOCRÍTICA Y PORRAZOS / Ahora bien, reconoció que «todos deben hacer autocrítica» y se comprometió a identificar a los agentes «que no actuaron reglamentariamente», en alusión a aquellos que dieron golpes de porra por encima de la cintura de los concentrados.

La reacción en las filas anticapitalistas subió de tono. La CUP le replicó que fue el Departamento de Interior «quien mandó ejercer la violencia contra la población civil» y firmó el permiso a la marcha de Jusapol, «que hacía apología de la violencia policial». «¿Nuestra estrategia es avalar, legitimar y ejercer la violencia?», le preguntó a través de Twitter. Dos portavoces del secretariado nacional del partido, Lluc Salellas y Laia Estrada, defendieron la «desobediencia civil no violenta» y achacaron la «violencia verbal» al «fascismo» y la «física» a los Mossos. «No solo atacáis el régimen del 78 sino que también imitáis su estrategia manipuladora y violenta?», le devolvieron.

En ERC mantienen confianza pública en Buch. El consejero de Exteriores, Ernest Mara?gall, se fía de que presentará un informe «completo» sobre la actuación y que «dará explicaciones a la ciudadanía para dirimir responsabilidades, si las hay». Más tajante fue la secretaria general, Marta Rovira, que lamentó que se hubiese «autorizado» la marcha de Jusapol y reprochó la «contundencia» de las cargas. Eso sí, reclamó al independentismo que «incluso ante una provocación como la de esta asociación se responda con resistencia pacífica».

La alcaldesa Ada Colau, se mostró «preocupada» al ver que el conseller «niega la realidad». Por su parte, el Síndic de Greuges pedirá información sobre el operativo y posibles fallos, para hurgar en «posibles comportamientos violentos de algunos manifestantes» y si hubo uso desproporcionado de la fuerza policial.