El batacazo electoral de la candidatura Sí que es Pot --11 diputados-- obliga a Podemos a imponer una lógica de supervivencia para aparecer ante la opinión pública no como una fuerza vapuleada, sino como un partido con opciones potenciales ante las generales de diciembre. ¿Cuál es la fórmula? Un Gobierno catalán formado por Sí que es Pot (coalición formada por ICV-EUiA, Equo y Podemos), ERC, la CUP y el PSC. Iglesias explicita ahora una opción con la que ya había jugado en campaña, pero, con lo escuálido del resultado, elimina la exigencia de que su candidato, Lluís Rabell, presida ese eventual Ejecutivo "progresista". La condición a la que Podemos no renuncia: la cabeza de Artur Mas y de todos los diputados de CDC. "Me entiendo cuando hablo con Joan Tardà (ERC), con gente del PSOE cuando no están crecidos por los resultados electorales y con la CUP", señaló Iglesias ante el baile de posibilidades que se abren tras el 27-S.

Para el secretario general, las diferencias que sostienen los distintos partidos ante el reto independentista no es un escollo infranqueable, puesto que esa "mayoría progresista" permitiría que "convivan diferentes opciones jurídicas". Además, Iglesias se compromete a convocar un referéndum si gana las elecciones legislativas de diciembre, aunque defendería la opción del no a la independencia.

La dirección de Podemos admite que los resultados en Cataluña son "tristes" y "decepcionantes", pero no reconoce errores de forma explícita. Pero el por qué del fracaso de Sí que es Pot estaba escrito antes de los comicios: el nombre de la marca no ha cuajado en el electorado, el candidato carecía de suficiente popularidad y el desembarco continuo de Pablo Iglesias en Cataluña ha acabado generando anticuerpos. Una cadena de puntos débiles que Lluís Rabell reconoció ayer sin disimulo. Y aunque Iglesias evitaba hablar de "errores", Lluís Rabell asumía que la marca Sí que es Pot les había "complicado la vida". "A veces, intentar sumar sensibilidades distintas no es fácil", afirmó.

El final del escrutinio deparó que la coalición, con 366.494 votos, rebasase en solo 6.789 las papeletas recabadas por ICV-EUiA en solitario hace tres años, pero retrocediendo de 13 a 11 diputados. Ni rastro del tirón que se le suponía a Podemos en un cinturón metropolitano que Ciutadans tiñó de naranja. En ninguna localidad metropolitana logró aventajar al PSC ni a Ciutadans. Y en Barcelona ciudad, Sí que es Pot no supo beneficiarse del efecto Ada Colau.