El PSOE intentó ayer exorcizar su pasado reciente, que tanto tiene que ver con la difícil situación en la que se encuentra hoy el partido, a través de renegar en parte de una de las decisiones más controvertidas de la última legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero: la reforma exprés del artículo 135 de la Constitución, impulsada desde Bruselas y pactada solo con el PP, que instauró el principio de estabilidad presupuestaria y los límites al déficit público. Los socialistas apoyaron en el Congreso la toma en consideración de una iniciativa de Izquierda Plural que pide derogar el precepto, pese a que ellos consideran que no hay que tumbarlo, sino completarlo con una disposición que establezca una inversión mínima en políticas sociales. Podrían haberse abstenido. Sin embargo, su secretario general, Pedro Sánchez, quiso escenificar su toma de distancia con la obra anterior, especialmente la edificada por el expresidente.

Cuando el PSOE no logra romper del todo con la visión ciudadana que lo identifica con el PP, cuando Podemos da muestras de poder convertirse en el primer partido de la izquierda (o incluso en el primer partido de todo el espectro), Sánchez dijo ayer que los socialistas solo lograrán "recuperar la credibilidad perdida" si apuestan por "medidas audaces" y "reconocer errores". En el caso del 135 de la Constitución, el partido, a su juicio, se equivocó al no someter al "voto de los españoles" una reforma que ha servido para dar "cobertura" a los recortes del PP.

EL MENSAJE Y EL PASADO El jefe de la oposición pisa aquí un terreno escarpado. Durante la reunión del grupo parlamentario socialista, centrada en la proposición de Izquierda Plural sobre el artículo 135 (que no salió adelante al votar en contra el PP, que tiene mayoría absoluta), la inmensa mayoría de los diputados se mostraron a favor de la decisión de Sánchez. Pero hubo matices. Veteranos como Manuel Chaves, Valeriano Gómez y Rafael Simancas pusieron en cuestión la oportunidad de distanciarse de Zapatero mediante el apoyo a una proposición "chapuza" como la de IU, y también pidieron que no se insistiera tanto en que la reforma constitucional fue un "error", ya que casi todos la apoyaron en su momento. En su opinión, el PP habría aprobado los mismos recortes aunque no existiera la estabilidad presupuestaria en la Carta Magna. Fueron tesis que parecieron calar en Sánchez, quien se mostró menos contundente contra el artículo 135 que el día anterior, cuando anunció el sentido del voto de su partido.

La propuesta socialista no es nueva, sino que ya fue planteada por Alfredo Pérez Rubalcaba hace año y medio. Pero su escenificación, ayer, trasladó el mensaje de que a Pedro Sánchez, quien también esta soltando lastre respecto a los presuntos casos de corrupción de su partido, no le tiembla el pulso a la hora de enmendar las decisiones recientes de su partido.

"El artículo 135 de la Constitución fue útil --dijo desde la tribuna el socialista Antonio Pradas--. Impidió el rescate de España en el 2011 o al menos contribuyó a ello. Por eso nosotros no nos identificamos con la política de pancartas que pide su derogación. Pero queremos acabar con el pretexto constitucional que para el PP supone el precepto".

Si Sánchez buscaba aumentar su credibilidad, no lo consiguió a ojos de los partidos situados a su izquierda. "No hay credibilidad si el error no se asume de forma total, sino solo parcial", señaló Alberto Garzón, principal favorito para convertirse en el próximo líder de IU. Desde el PP, Rafael Hernando retrató al PSOE como un partido sujeto a "bandazos", que se "empeña en romper los compromisos con la Unión Europea".