La batalla por el relato es una de las cuestiones políticas más candentes en Euskadi en estos momentos. No hay un debate explícito, pero sí una guerra soterrada sobre quién y cómo relatará, cómo sobrevivió Euskadi a medio siglo de violencia y cómo se gestionó el final del terrorismo de ETA y la transición hacia una nueva fase, la de la convivencia.

Y el cese, el pasado 2 de abril, de Txema Urkijo, uno de los fundadores de Gesto por la Paz (plataforma pacifista extinguida en el 2013), como asesor sobre las víctimas del Gobierno vasco, da alas a un cambio de mensaje. Uno que no incluye el reconocimiento del daño causado y que no deslegitima la violencia, a pesar de que el lendakari, Iñigo Urkullu, incluye esos requisitos en sus intervenciones.

Esa es la doctrina que defiende el artífice del cese de Urkijo, el que fuera fundador de Elkarri (otra plataforma pero, esta, de inspiración nacionalista), Jonan Fernández, un influyente alto cargo, y con el que se encuentra cómoda la izquierda aberzale.

"Es imposible que haya un mismo relato de todo lo sucedido. Pero sí tiene que estar claro quién está legitimado y quién no para confeccionar una memoria que debe basarse en la verdad, la justicia y la reparación". La reflexión es de una víctima que estima más guardar anonimato. No es por temor, sino porque como otros muchos en Euskadi prevé "cansado" que a la izquierda aberzale le costará "mucho tiempo todavía" asumir todo el daño causado.

La diferencia en el relato es lo que hace que el Ejecutivo del PNV cuente solo con EH Bildu, en la Ponencia de Paz y Convivencia, que en noviembre pasado aprobó el plan de paz y convivencia 2013-2016. Además, ahora mismo no existe interlocución con el Ministerio del Interior para el proyecto del Memorial de Víctimas al que el Gobierno central está obligado a levantar en Euskadi, por imperativo legal. "Construir un centro en memoria de las víctimas requiere de un consenso que ahora no existe. ETA no se disuelve, la izquierda aberzale no tiene nada que reprocharle y el PNV nada entre dos aguas porque comparte la gramática profunda de que todo se debe a la existencia de un conflicto. Puede que no haya un relato único del terrorismo de ETA, pero seguro que no caben todos", advierte el profesor de Ciencias Políticas Martín Alonso.

'Colectivo Nanclares'

Además, con el cese de Urkijo el Gobierno vasco ha debilitado sus vías de interlocución oficial con el colectivo de presos de ETA que integran el denominado colectivo de Nanclares . "Ellos son una voz crucial en la construcción del relato de los hechos. Porque formaron parte de la banda terrorista, fueron protagonistas activos de la violencia, asumieron que habían cometido un grave error y están dispuestos a contribuir en la convivencia", cuenta Urkijo a este diario.

"Los presos de Nanclares no se fían ahora mismo de casi nadie", explica uno de sus abogados. Tanto al Gobierno central como a la izquierda aberzale les interesa silenciar su discurso de arrepentimiento, construido a partir de un fuerte compromiso ético y moral. La Audiencia Nacional ha tenido que enmendar las decisiones políticas del Ministerio del Interior de acotarles los permisos penitenciarios.

Los colectivos de víctimas no están pasando un buen momento. El propio Urkijo, tras su marcha, denunció la falta de empatía del Gobierno vasco con las víctimas. Y lamentó la falta de "un gesto" de Urkullu con las víctimas. Y también se sienten traicionadas por el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Angeles Pedraza, la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, la AVT, habían encontrado en Urkijo a un "interlocutor de fiar". De Jonan Fernández denuncia su actual discurso sin "vencedores ni vencidos".