"Nóos gustaría ver a la Infanta". Con la leyenda escrita con rotulador rojo sobre una cartulina amarilla, un habitual de las protestas sociales enfilaba las avenidas para llegar hasta los juzgados de Palma a primera hora de la mañana. Un fuerte dispositivo policial, con refuerzos venidos de la península, retranqueó las vallas un par de calles, de manera que los 500 manifestantes que secundaron las convocatorias contra la corrupción de una decena de organizaciones quedaron más lejos del objeto de su ira, Iñaki Urdangarin. Como muestra de indignación, cortaron el tráfico por unos instantes, aunque enseguida quedó restablecido. Los conductores hicieron sonar el claxon para expresar su apoyo.

Hacía dos días que el entorno de los juzgados estaba empapelado de carteles con la cara de Jaume Matas y del yerno del Rey. A la denuncia se sumaron decenas de expresiones de los comerciantes del entorno. Optaron por la vía del humor. "Nóos hemos trasladado", se leía en el escaparate de un establecimiento informático que cambió recientemente de local. El Bar Supremo, el que tiene vista frontal a la famosa rampa de los juzgados y luce de fondo en el retrato de todos los paseillos ilustres, presentaba un listado de oferta especial de bocadillos. "Los de chorizo se nóos han acabado".

A las banderas republicanas se sumaron las réplicas ciudadanas al Duque em Palma do. Tuvieron mucho éxito las camisetas del "Duque em Palma do", que vendían unos jóvenes con visión de la oportunidad.

Otros no estaban para bromas. Una librería colindante se quejaba de que los inhibidores de frecuencia no le permitían pasar las tarjetas bancarias. Una voluntaria de Cáritas no daba crédito. La policía le impedía atravesar la calle cortada para atender a un enfermo al que visita periódicamente porque no tiene movilidad.

Una de las quejas más curiosas la protaganizó una señora vestida de presa. "Soy republicana y creo que Urdangarin ha hecho mucho daño a la Familia Real", decía enfundada entre barrotes. Otros apuntaban más alto. Una señora se paseaba con una bandera republicana, con un elefante coronado y dos chorizos colgando. Hacía la bis a "el jefe es el Rey" de Diego Torres. De hecho, entre los concentrados y los ciudadanos sondeados por la prensa se detectaba que la indignación no se limitaba a Urdangarin por su comportamiento. Había malestar por la actuación del conjunto de la Casa Real. Por el contrario, el juez José Castro suscitaba aplausos. Incluso tuvo su cartel de apoyo. "Si sabéis más que yo", decía el magistrado sin perder la sonrisa ante la nube de medios de comunicación que perseguían su sensación de la histórica jornada. Además de los manifestantes y curiosos, un centenar de profesionales de la información aguantaron la gélida mañana a base de cafés y bocadillos.