Aunque el golpe de efecto estaba cantado y claramente lo buscaba, Pere Navarro no calculó bien la magnitud que iba a tener la onda expansiva de su última bomba: sugerir la abdicación del Rey. El PSOE le contestó ipso facto con un portazo tan sonoro como innegociable, tal como advertían ayer desde la dirección de Alfredo Pérez Rubalcaba. Pero la petición reabrió también la caja de los truenos dentro del PSC, sobre todo por la sorpresa que causó un anuncio que no había sido consensuado previamente. "Era una reflexión personal", tuvo que matizar Navarro para admitir que no se trata de una decisión de la ejecutiva del partido.

La número dos del PSOE, Elena Valenciano, supo de la idea de Navarro cinco minutos antes de que Rubalcaba subiese a la tribuna del Congreso para carearse con Mariano Rajoy. Fue después del debate cuando el líder del PSC telefoneó a su homólogo del PSOE para explicarle que su posición respondía a la necesidad de recuperar la iniciativa política. La dirección del partido fue clara: no comparte su postura y no existe posibilidad de un futuro apoyo.