No habían pasado 24 horas del anuncio del PP de que haría dos auditorías de sus cuentas, una interna y otra externa, y algunos populares se lanzaron ya a negar que el extesorero Luis Bárcenas hubiera pagado durante años sobresueldos con dinero negro a algunos dirigentes del partido. Menos mal que el presidente, Mariano Rajoy, les pidió rápidamente que esperaran a conocer las conclusiones de las citadas investigaciones, porque estaban a punto de cargarse con tanta precipitación la estrategia establecida y de confirmar así las sospechas de quienes piensan que es solo una coartada para ganar tiempo y ver cómo salir de esta con el mínimo desgaste.

La situación no es fácil para el PP, porque la información de que Bárcenas llegó a atesorar 22 millones en cuentas en Suiza al tiempo que trabajaba para el partido, no son indicios que se puedan desmentir, es información oficial, producto de una comisión rogatoria solicitada por la Audiencia Nacional.

Sin demora

Y ahora que los ciudadanos no se creen casi nada de los partidos y les reprochan su tendencia a amparar a los acusados de corrupción, las filtraciones sobre los sobresueldos en B están siendo acogidas como verdaderas. Por eso, los populares no deberían demorarse en explicar lo que hay, ya que cada día que pasa se deteriora su credibilidad, la del conjunto de la política y de la democracia.

Con casi 6 millones de parados, la población empobrecida, las prestaciones sociales recortadas y los casos de corrupción --Urdangarin, Bárcenas, Matas, la Gürtel, Pallerols, los ERE-- llenando las páginas de los diarios, los líderes de los partidos tienen que plantearse, sí o sí, cortar de tajo la corrupción. Se hace cada vez más urgente un pacto como el que propuso hace un par de semanas Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando todavía no se sabía lo de Bárcenas.

El PP secundó la idea después. En el caso poco probable de que lograran alcanzarlo, no pueden hacerlo solo para evitar la corrupción del futuro, sino para limpiar la que hay ahora.

Y tienen que abandonar esa actitud del y tú más --y no equiparar cosas menores como el fraude de Amy Martin con los millones suizos del extesorero--, pues tampoco puede parecer una componenda para taparse. Por eso, deberían comprometerse a colaborar con la justicia y a dejar de cobijar a los acusados de corrupción en sus filas y de buscar subterfugios para escurrir el bulto. Así, a lo mejor se iría saneando la política y los ciudadanos confiarían más en sus representantes. Sin coartadas.