El histórico dirigente del PCE Santiago Carrillo falleció ayer en Madrid, a la edad de 97 años. Los restos mortales de Carrillo, que permanecen en su residencia, serán trasladados a un tanatorio madrileño hoy. El exdirigente del PCE había sufrido en la última semana un empeoramiento en su estado de salud, después de que en los últimos meses tuviera que ser ingresado en diversas ocasiones. La última vez fue el pasado mes de julio, cuando estuvo varios días en observación en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid por un problema de riego sanguíneo.

El pasado mayo Carrillo tuvo también que ser ingresado en ese mismo centro hospitalario durante dos semanas por una apendicitis, de la que fue intervenido y de la que se recuperó satisfactoriamente. Meses antes, en octubre del 2011, el exdirigente comunista permaneció unos días en ese hospital por una infección urinaria leve.

Carrillo asistió el pasado jueves, acompañado de su esposa y con buen aspecto, a una conferencia que la diputada socialista y exministra de Defensa, Carme Chacón, pronunció en San Lorenzo de El Escorial con motivo de los cursos de verano de la Universidad Complutense.

Una vida en primera línea política

Santiago Carrillo fue secretario general del Partido Comunista de España desde 1960 hasta 1982. Combatió en la Guerra Civil Española y fue figura relevante de la oposición al franquismo y de la transición española. Carrillo fue un político de la vieja escuela, admirado y criticado tanto desde sus aliados políticos como desde sus adversarios. Contribuyó de forma crucial a encauzar la transición política española por la senda de lo que él denominaba una "ruptura pactada". La creación del concepto eurocomunismo contribuyó a la evolución de las ideas comunistas en el marco de las democracias occidentales y especialmente en el éxito de la transición española al favorecer la tolerancia con los protagonistas del régimen franquista.

Su apuesta por aceptar la monarquía en un momento en el que el PCE era aún la única fuerza política con implantación real en España imprimió un giro decisivo a la evolución del país y sorprendió tanto a los promotores del franquismo sin Franco como a la desconcertada militancia comunista, volcada durante décadas de lucha clandestina en recuperar las libertades. No fue esa la única decisión polémica adoptada por Carrillo desde que asumió la tarea de reorganizar el PCE al término de la guerra civil. Ya en 1956 su política de 'reconciliación nacional' dio lugar a escisiones y abandonos por parte de quienes no compartían la necesidad de restaurar la democracia sobre la base de perdonar a los que habían contribuido a cercenarla o a impedir su restablecimiento.

Sin embargo, sus detractores siempre criticaron su papel en la denominada matanza de Paracuellos durante la guerra civil, por la que franquistas y militares sublevados presos en Madrid fueron asesinados en masa para evitar que fueran liberados por los 'nacionales', que ya asediaban Madrid. En ese momento, Carrillo, con solo 21 años, ostentaba el cargo de consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid.