El miércoles pasado, Francisco Camps regresó al Parlamento valenciano tras siete meses de ausencia. Desde que dimitió como presidente autonómico en julio, sus apariciones públicas se habían limitado a la investidura de su sustituto, Alberto Fabra, y al juicio de los trajes, del que salió absuelto. "Estoy muy contento y muy feliz", aseguró a los periodistas, que le preguntaron entonces si pensaba intentar recuperar la dirección del partido. "Lo que he hecho ha sido volver hoy a las Cortes", se limitó a responder. Pero la realidad es que Camps ya ha sondeado a algunos dirigentes del PP valenciano para saber si estarían dispuestos a apoyarle si se animara a disputar la presidencia a Fabra en el próximo congreso regional.

Camps es consciente de que dar ese paso significaría desafiar a Mariano Rajoy, quien, según su entorno, apoya "sin duda" a Fabra para presidir y renovar la organización en Valencia, y que conoce los tejemanejes que se trae el expresidente regional. Pero en la sede central de los conservadores hay tranquilidad. "Va a haber ruido, pero no apoyos para que Camps pueda dar el paso", apuntan fuentes del partido.

"Creo que nadie se vende ni se compra por tres trajes. Ha tomado una decisión valiente, dura y difícil. En el futuro, a buen seguro, podrá volver", dijo el presidente del Gobierno y del PP tras la dimisión del exlíder valenciano. Pero Rajoy no parece sentirse rehén de sus palabras, pues aún no ha llamado al afectado para abordar su encaje. Ese silencio es el que puede haber provocado el enfado de Camps y su decisión de dar algunos pasos.