Con el "o te vas o te echamos" que Mariano Rajoy le puso ayer sobre la mesa al hasta ahora secretario general del PP valenciano y portavoz parlamentario, Ricardo Costa, parece cerrarse la última tragicomedia de los populares a raíz del caso Gürtel . Y, al tiempo, se hace un intento in extremis desde Madrid para apuntalar el frágil liderazgo de un Rajoy desautorizado públicamente por Francisco Camps, el barón valenciano que, hasta hace apenas unos días, era uno de sus principales apoyos en el seno del partido.

Es obvio que la alianza política que surgió entre Rajoy y Camps tras la derrota del PP en las elecciones generales del 2008 no volverá a ser la misma tras lo sucedido en la noche del martes, cuando el líder de los populares abandonó su sede con la certeza de que el valenciano le había traicionado. Según su entorno, Rajoy nunca pensó que Camps sería capaz de ridiculizarlo e incumplir su orden de expulsar del partido a Costa. Pero Camps sí fue capaz y avivó un incendio que Rajoy ha tardado en apagar, ya que fue ayer, y no antes, cuando instó a su número dos, Dolores de Cospedal, a tirar de galones y cerrar la crisis. Resultado: diga lo que diga Camps, Costa deja sus cargos en el partido y el grupo parlamentario, sin posibilidad de reincorporación futura.

GOLPE SOBRE LA MESA A primera hora de la mañana, De Cospedal se despachaba a gusto en la Cope. Su intención era que el PP valenciano tomase nota de que Costa, tras la publicación de sus conversaciones con implicados en la trama Gürtel , no volverá a ser jamás ni secretario general ni portavoz del grupo. "La actuación pública y publicada de Costa y las declaraciones que ha hecho no son las apropiadas para un secretario general", afirmó. Y por si alguien (o sea, Costa) volvía a tener tentaciones o su jefe (o sea, Camps) amagaba con mantenerlo en el puesto, De Cospedal lanzó un último aviso: "Si Costa se encastilla en una situación en la que no tiene que estar e impropia de su condición, se aplicarán los procedimientos disciplinarios". Le estaba amenazando con abrirle expediente y suspender su militancia.

Conocedor de las declaraciones que De Cospedal iba a hacer, Camps convocó a Costa a una reunión en la Cámara valenciana. Allí le transmitió el enfado de Rajoy. En el caso de que no aceptara irse, le avisó, la expulsión del partido sería su final.

Costa sucumbió y Camps invitó al resto del grupo parlamentario a su despacho, a fin de comunicarles que el portavoz del grupo cesaba y que sería sustituido por Rafael Maluenda. De la secretaría general se ocuparía, a partir de ese momento, César Augusto Asencio. Costa, derrotado, se puso a llorar.