Otra vez. Nombre por nombre. Todos los muertos. Mejor dicho, casi todos, porque algunos familiares no pudieron o no quisieron acudir al acto para recoger la medalla. Los que sí aceptaron estuvieron ahí, aguantando el tipo, esperando a que la encargada de protocolo dijera el nombre de su ser querido. Entonces, se levantaban, se acercaban a la mesa presidencial y recogían de la mano del rey Juan Carlos la medalla de oro al Mérito en el Trabajo, un galardón concedido a título póstumo a los 191 fallecidos el 11 de marzo.

Desde el funeral de Estado celebrado en la Almudena tras la masacre, los políticos no habían organizado un acto similar. El de ayer tuvo lugar en el palacio de El Pardo. Don Juan Carlos y Doña Sofía estaban en la mesa presidencial, acompañados por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el ministro de Trabajo, Jesús Caldera. El primero en hablar fue Zapatero, que reconoció que los poderes públicos "no pueden llenar el inmenso vacío afectivo" que dejaron los muertos.

Tras su discurso vino el momento más triste y más duro. Uno por uno, los familiares de 151 fallecidos se levantaron al oír el nombre de su allegado. Había españoles e inmigrantes de varias nacionalidades (en los atentados fallecieron personas de 20 países diferentes). Había niños, jóvenes y personas maduras. Todos se emocionaron. A los Reyes se les empañaron los ojos. Sobre todo, cuando los que se levantaban para recoger las medallas eran niños.

Emoción contenida

La ceremonia fue tensa. Una mujer casi se desmayó cuando recogió el galardón de manos del Rey. Otra joven temblaba tanto que apenas podía encontrar su silla. Y otra miró al cielo y lanzó un beso tras recoger la distinción de su ser querido.

Tras la entrega de medallas --concedidas a instancias de Trabajo--, el Rey leyó un discurso en el que pidió que el recuerdo a las víctimas continúe vivo. "Toda España --destacó-- está comprometida con el terrorismo. Y debe hacerlo con todos los instrumentos del Estado de derecho. Contando con la unidad de todos los que amamos la libertad y la democracia". Don Juan Carlos pidió "unidad y solidaridad" para acabar con los "abominables propósitos" de los terroristas.