Los jefes de Gobierno de España y Marruecos, José María Aznar y Dris Jetu, abrieron ayer una "nueva etapa" en las relaciones bilaterales tras la crisis diplomática que enfrentó a ambos países durante casi dos años. Los dos mandatarios acordaron celebrar en octubre en Marruecos la Reunión de Alto Nivel entre los gobiernos --marco de diálogo interrumpido desde 1999-- y pronosticaron que en ese encuentro se verán los frutos de la nueva era de vecindad.

Aznar y Jetu escenificaron el relanzamiento de las relaciones tras el encuentro de casi cuatro horas que mantuvieron en Quintos de Mora, una finca toledana de propiedad estatal que el presidente español utiliza para atender a huéspedes de excepción. Jetu, que llegó al gobierno de su país en noviembre pasado, achacó a genéricos "malentendidos" la crisis reciente y proclamó que el objeto del encuentro de ayer era "refundar sobre bases sólidas y perennes" las relaciones.

En un gesto dirigido a la población marroquí, Aznar anunció ayer que España va a apoyar "activamente" la candidatura de Marruecos para acoger el campeonato mundial de fútbol del 2010. Su invitado agradeció al Gobierno español que España sea el "primer país" que muestra su apoyo y confió en que los marroquíes "aprecien mucho el gesto".

OPTIMISMO COMPARTIDO

Los dos dirigentes no ahorraron palabras de optimismo sobre el nuevo estado de las relaciones. Jetu dijo que, incluso en lo peor de la crisis, las relaciones económicas y comerciales entre España y Marruecos crecieron un 20%. "Más que con Francia", añadió.

Un periodista marroquí expresó su convicción de que era la primera vez que "entre el dicho y el hecho hay poco estrecho de Gibraltar" y preguntó a Aznar si compartía esa percepción. "Inch Alá" (Dios lo quiera), respondió en árabe. "Ojalá", añadió Jetu.

Dentro de esa atmósfera de gran cordialidad e informalidad --ambos vestían americanas sin corbata--, Aznar y Jetu admitieron la existencia de diferencias en determinados puntos, en especial sobre el futuro del Sáhara y sobre el control de la inmigración, aunque intentaron minimizarlas. En el primer contencioso, el líder marroquí afirmó que su país no va a aceptar ningún acuerdo "fuera del marco de la soberanía y la integridad territorial" de Marruecos. Como mucho, sostuvo, está dispuesto como mucho a "examinar y conceder prerrogativas a la región".

Aznar dijo comprender la "sensibilidad y dificultades" que plantea el conflicto de la excolonia y reafirmó la posición de su Gobierno de apostar por una solución "que tenga un componente de acuerdo entre las partes".