Me da pena ver las farolas de mi ciudad adornadas con carteles electorales. No es que sienta lástima por las farolas, obviamente, ni por mi ciudad, ni siquiera por los candidatos fotografiados. En quienes pienso, casi con misericordia, es en los hombres y mujeres que tomaron esas fotos, porque su trabajo envejece terriblemente deprisa.

Basta con mirar carteles de las pasadas elecciones. Su estilo nos parece ya anticuado y solo han transcurrido cuatro años. Lo mismo sucederá con los actuales, cuya estética, de momento, cuadra con la nuestra. Dentro de muy poco también pasarán de moda y al mirarlos tendremos la misma sensación que ahora nos produce contemplar aquel antiguo cartel de Felipe González con un cielo azul de fondo.

Todo caduca, podría argumentarse, pero no es verdad. Las pirámides de Egipto no han pasado de moda, ni los cuadros de Modigliani , ni esos magníficos retratos de los pintores renacentistas. La historia del arte está repleta de obras cuya belleza supera el paso del tiempo. ¿Por qué no copian los candidatos y sus asesores de imagen esos estilos vencedores, esa estética que jamás se vuelve ridícula?

Arranquemos, pues, todos los carteles de las farolas y volvamos a empezar. Quedan unos días de campaña y aún tenemos tiempo de mostrar fotos de nuestros candidatos que aspiren a cierta eternidad. Pedro Sánchez , por ejemplo, debería ser fotografiado en un puente, mostrando sin pudor una expresión aterrada. Se le colocarían las dos manos sujetándose el bello rostro, pidiéndole, con amabilidad, que deformara un poco la boca. Si El grito de Munch no ha pasado de moda, tampoco lo hará el grito de Sánchez. Además, el sufrimiento del prójimo genera empatía, por lo que el votante tomaría la decisión de echarle un cable.

El cartel de Podemos podría estar inspirado en el barroco. Así, además de un público joven, seduciría también a aquellos mayores aficionados al arte clásico. Pablo Iglesias , Iñigo Errejón y el catedrático Javier Perez-Royo representarían Las tres Gracias de Rubens . Simplemente han de ser fotografiados desnudos, abrazándose un poco entre dos árboles espesos.

Rajoy debería dar un giro a su imagen para demostrar que puede incluso convertirse en el cambio de sí mismo. La Maja de Goya es una estupenda elección. Demostraría que es capaz de ponerse en la piel de una mujer, generando la simpatía del movimiento feminista, que nunca lo ha tenido por un líder. ¿Pero la Maja vestida o la desnuda? Indiscutiblemente, la vestida. Y con corbata. Hay que abrirse a otros públicos, pero sin perder el voto cautivo.

La fotografía de campaña de Albert Rivera debería ser, sin duda, La Gioconda . La interpretación múltiple del cuadro de Leonardo cuadraría bien con su programa. ¿Qué paisaje hay detrás de la Mona Lisa? ¿Sonríe o no? ¿Pactará con unos o con otros? Ese escalofriante misterio le haría captar votos de aquí y de allá.

Izquierda Unida y UPyD deberían compartir cartel. Aunque ideológicamente están alejados, han de unirse en esta ocasión. Propongo Cuadro blanco sobre fondo blanco de Kazemir Malevich . Una superficie blanca simbolizaría el nulo caso que se le hace a estas formaciones en los medios de comunicación.

Si los políticos siguieran mi consejo, no tendrían que gastarse un dineral diseñando carteles. Echar mano de los clásicos siempre es un acierto. Sus fotos de campaña nunca pasarían de moda y nosotros no tendríamos esa horrible sensación de tristeza al comprobar que todo es estúpido y que nada permanece.