El lunes, José Antonio Duran Lleida aclaró que su propuesta de Gobierno de concentración estaba condicionada a una situación tan grave como la de la semana pasada, cuando la deuda italiana desfalleció. Pero la tormenta sigue. Ayer, el diferencial del bono italiano superó el 5%. El español se situó en el 4,5% y Madrid tuvo que colocar letras a un año pagando un 39% más que en octubre.

Los fallos de Angela Merkel llevan a los bancos a huir de la deuda soberana (puede forzarles a más capital) y a refugiarse en la alemana. Así, el diferencial alcanza máximos en Bélgica, Austria y Francia (1,90%, seis veces el de junio). Hasta sufren Finlandia y Holanda.

La única salida --un dictamen casi unánime-- es que el Banco Central Europeo actúe como un banco central normal (la Reserva Federal) y compre bonos. Pero el BCE lo hace a cuentagotas. No hay mensaje ni decisión clara, y encima el presidente del Bundesbank reitera que el BCE no debe hacerlo. Nicolas Sarkozy, preocupado por la triple A de Francia, calla. Y Merkel pontifica sobre la Europa futura pero surfea el incendio del piso de abajo (los mercados). Olvida que la moneda única exige una actitud supranacional del BCE.

Kafka manda en Europa. En España, el temor. La opción de Duran --votó el plan de ajuste del 2010 y conoce Europa-- debería estudiarse. Pero cuando Artur Mas quiere recortes del 10% en Cataluña sin concentración e incluso sin mayoría parlamentaria, no es realista.

Y en el debate, Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy ni hablaron del euro. No obstante, los problemas de la deuda española impiden mirar hacia otro lado. Para el socialista, el BCE debe lanzar un mensaje de apoyo a la deuda soberana. Tiene razón, pero si no lo logra Sarkozy... Y desde mayo del 2010 el PSOE no ha sabido explicar el asunto. Así le va.

Rajoy cree que su triunfo dará confianza. Pero las encuestas del domingo, unánimes, predicen marea popular y la prima de riesgo ha empeorado. No es culpa suya. Los mercados solo miran al BCE. Y saben que el PP gana en Madrid, no en Berlín. En Europa también hay crisis. En el tercer trimestre, el PIB español creció un cero patatero, pero la media de la zona euro fue solo del 0,2%. Los próximos tiempos serán duros.