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Reportaje

Ciencia cordobesa rumbo a la UE

Un proyecto educativo del IES Gran Capitán, con profesorado como portavoz, ha representado a Córdoba y Andalucía en una cita científica europea de alto nivel

Marcos Naz, arriba en el centro, con otros compañeros, en el certamen lituano.

Marcos Naz, arriba en el centro, con otros compañeros, en el certamen lituano. / Córdoba

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Córdoba

Hay proyectos que han empezado en un aula y han terminado cruzando fronteras. Es lo que ha ocurrido con el trabajo desarrollado en el IES Gran Capitán de Córdoba, seleccionado para representar a España en la cita europea de innovación educativa y divulgación científica Science on Stage 2026, celebrada en Klaipėda (Lituania).

El proyecto cordobés -el único de la provincia y de toda Andalucía en esta edición— ha viajado hasta este encuentro internacional de la mano del profesorado, encargado de defender el trabajo realizado en el aula. Detrás de esa representación ha estado Marcos Naz, docente e investigador del IES Gran Capitán, que subraya el valor del proceso: no ha sido solo un reconocimiento puntual, sino el resultado de una trayectoria sostenida y de una forma de trabajar en red.

Science on Stage ha reunido a docentes de distintos países y entre los mejores proyectos presentados en el programa Ciencia en Acción durante dos años consecutivos. Una especie de «selección científica», explica Naz, en la que el profesorado ha expuesto propuestas didácticas innovadoras ante la comunidad internacional.

El trabajo cordobés, titulado Smoking Bricks, plantea una solución sostenible a un problema cotidiano: las colillas de cigarrillos. A partir de ellas, el proyecto ha explorado la posibilidad de integrarlas en un proceso natural basado en micelios de hongos para generar ladrillos ecológicos, capaces de encapsular esos residuos y evitar su impacto contaminante.

La propuesta ha combinado investigación científica, creatividad y conciencia medioambiental. Ha incluido, además, el desarrollo de un bioplástico obtenido a partir de las propias colillas tratadas, creando un sistema completo de reutilización que ha buscado reducir la toxicidad de estos residuos y darles una nueva función. Pero lo más relevante, subraya Marcos Naz, ha sido que el proyecto ha surgido dell trabajo del alumnado, de su capacidad para plantear preguntas y buscar respuestas. «Es una forma de trabajar en la que los proyectos nacen de ellos», expone, destacando ese aprendizaje activo que se ha proyectado a escala internacional.

No es la primera vez que este equipo alcanza este nivel, pero sí un paso más: una representación más selectiva, con menos proyectos participantes y mayor exigencia. En ese contexto, Córdoba ha demostrado que la educación científica puede construirse desde el aula y dialogar con los grandes retos actuales.

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