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DIRECTOR DE LA CÁTEDRA UNESCO DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

Manuel Torres: «En estos años hemos situado a Córdoba como paradigma del diálogo y la paz»

Adelanta que «estamos inmersos en un programa de internacionalización del Máster a nivel de implicación de otras universidades, y para ello estamos tratando de articular un programa Erasmus Mundus»

Manuel Torres, director de la Cátedra Unesco de Resolución de Conflictos.

Manuel Torres, director de la Cátedra Unesco de Resolución de Conflictos. / Manuel Murillo

Rafael Castro

Rafael Castro

― Mirando hacia atrás, a aquel 2006 cuando nació la Cátedra, ¿cuál considera que ha sido el mayor impacto social que han logrado en Córdoba y en el ámbito internacional?

― El mayor impacto que se ha logrado en estos veinte años en relación con Córdoba ha sido traer a personalidades relevantes del mundo de la política, la cultura, la economía, el derecho o el periodismo para conseguir proporcionar a nuestra ciudad el lugar que siempre ha ocupado como paradigma del diálogo, la paz y la resolución pacífica de los conflictos. La tradición con la que Córdoba es conocida, ha encontrado en los diferentes foros organizados, conferencias, seminarios, congresos, el marco ideal para difundir su papel como ciudad de paz. En el ámbito internacional hemos conseguido crear una red de Universidades por la paz en la que se integran la Universidad Autónoma de Nuevo León en México, la Universidad Católica de Cuenca en Ecuador, la Universidad Santiago de Cali en Colombia, Virginia Commonwealth University de Richmond en USA, a las que se han unido la Universidad por la Paz de Naciones Unidas, la Universidad de Cagliari en Italia, la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla en Colombia y otras Universidades latinoamericanas con las que hemos construido programas de postgrado y doctorado de alto nivel de reconocimiento.

― El mundo ha cambiado drásticamente en 20 años. ¿Cómo ha evolucionado la metodología de la Cátedra para adaptarse a los «nuevos conflictos» (bélicos, digitales, polares, climáticos)?

― La realidad conflictiva ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años, no solo en cuanto al tipo de conflicto: guerras híbridas, ciberataques, nuevas modalidades de armamento y estrategia militar, desarrollo de guerras energéticas, ataques masivos contra la población civil, los medios de comunicación, utilización de los migrantes como arma desestabilizadora, etc. También hemos detectado un nuevo espacio para el conflicto contra las instituciones de gobierno mundial, contra el derecho internacional. Si en 2006 estábamos trabajando en el proyecto Alianza de Civilizaciones, hoy, dos décadas después, parecería que la inmediatez requiere la reconstrucción de espacios más elementales de relación intercultural, antes de abordar complejos procesos como el que representó Alianza de Civilizaciones. Ni Erdogan es el mismo actor político de entonces, ni Naciones Unidas tiene el peso que tenía entonces. Esto es solo un ejemplo, pero hay más. El debilitamiento de las democracias, el auge de los populismos, la polarización, la desinformación masiva… todos estos procesos están creando un mundo más convulso, o utilizando una expresión de un diplomático mexicano: «una salvaje mundo nuevo».

«La Universidad es el espacio de reflexión serena, investigación y análisis crítico»

― ¿Sigue siendo la universidad el espacio de debate pausado que necesita la resolución de conflictos, o la inmediatez de las redes sociales ha dificultado su labor docente?

― Las redes sociales son un marco de escasa reflexión, son un espacio de impacto que, además, está muy adulterado porque los boots, el anonimato, el algoritmo, son elementos que impiden la veracidad, objetividad y limpieza en el funcionamiento de la comunicación. Saber mirar las redes con espíritu crítico, independiente, frío y analítico deberían constituir la armadura con la que poder acercarnos a esa selva. Todo lo que sea ingenuidad y falta de formación para entender lo que allí se vierte, es conducirnos a un abismo de polarización, miedos, inseguridades y mentiras que alteran todo el debate y que facilitan la agresión y el discurso del odio. Frente a ello, la Universidad continúa siendo el espacio de reflexión serena, investigación permanente, análisis crítico, transmisión pausada del conocimiento para poder ofrecer un marco de comprensión de nuestra realidad y de equilibrio para la solución de nuestros conflictos de todo tipo que nos acechan. No es que haya un contexto conflictivo extraordinariamente novedoso, es que hay un discurso desinformador masivo que construye una realidad seguramente más distorsionada que en otras épocas de la historia.

― De todos los programas de mediación y cooperación desarrollados, ¿hay alguna historia personal o éxito concreto que le haya marcado especialmente?

― Uno de los programas con el que estamos más satisfechos es el que desarrollamos en Cali (Colombia) en colaboración con la Universidad Santiago de Cali. Se trata de un programa formativo para contribuir al proceso de integración de exmiembros de las FARC en la vida civil. A raíz del acuerdo de paz de 2016, uno de los mayores retos fue el de reincorporar a estos ciudadanos a la vida en sus pueblos, en sus ciudades, desarrollando sus capacidades profesionales, pero para ello se requiere de un proceso previo de asunción de valores y principios propios de la cultura de paz. Nuestra labor es ofrecer esa fundamentación y esa formación básica en valores de la vida democrática y de la interacción en la sociedad.

― Con motivo de este vigésimo aniversario, ¿cuáles son los pilares estratégicos de la Cátedra para la próxima década?

― Nuestro principal pilar es el apoyo institucional. Empezando por nuestra Universidad y continuando con el apoyo del Ayuntamiento y la Diputación de Córdoba. Sin estas tres instituciones poco podríamos hacer. Nos gustaría que los gobiernos central y autonómico también apoyasen el programa de Cátedras Unesco. Hace años sí contábamos con este apoyo, pero desde hace algún tiempo solo contamos con el extraordinario apoyo de nuestro Ayuntamiento y nuestra Diputación. Nos gustaría que esto continuase para permitir la sostenibilidad de la Cátedra. A partir de ahí, nuestra estrategia inmediata ha sido la reforma y actualización del plan de estudios del Máster de Cultura de paz, conflictos, educación y derechos humanos, para adaptarlo a los nuevos retos de formación e investigación que se nos plantean. Por otro lado, estamos inmersos en un programa de internacionalización del Máster a nivel de implicación de otras universidades, para ello estamos tratando de articular un programa Erasmus Mundus. El trabajo en nuevos proyectos de investigación financiados es también un reto constante, porque nuestra ilusión sería incrementar el número de investigadores permanentes vinculados a la Cátedra.

― En un contexto global que parece cada vez más fragmentado, ¿qué herramienta de resolución de conflictos debería aprender obligatoriamente cualquier estudiante de la UCO?

― La capacidad de diálogo, la empatía, la compasión, la solidaridad, la asunción de los valores democráticos y que se recogen en la declaración universal de los derechos humanos, son principios fundamentales que deberían estar en el currículo formativo de cualquier estudiante universitario. Con estas herramientas se puede hacer frente a la polarización, al discurso del odio, a la xenofobia, a la intolerancia y, en general, a todos estos elementos que por el momento han generado unas sociedades en las que parece imperar el principio de la ley del más fuerte. Desde la Cátedra Unesco estaremos siempre a favor de la vida, es decir a favor de sociedades libres, democráticas, participativas, acogedoras, solidarias y, en definitiva, a favor de una Universidad pública que utilice como estandarte la formación de un estudiantado comprometido con los valores de la paz y la convivencia pacífica.

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