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Reportaje

Una mochila inclusiva de las Reales Escuelas La Inmaculada de Córdoba gana el concurso escolar de la ONCE

Estudiantes de Primaria de las Reales Escuelas La Inmaculada ganan en Córdoba una categoría del 42º Concurso Escolar de la ONCE con una proyecto diseñado desde el aula para derribar barreras

El colegio Reales Escuelas La Inmaculada, de la Fundación Santos Mártires, ha sido premiado por la ONCE.

El colegio Reales Escuelas La Inmaculada, de la Fundación Santos Mártires, ha sido premiado por la ONCE. / CÓRDOBA

R. HITA

Córdoba

La escena nació en clase y con una pregunta de patio de colegio: «Profe, ¿por qué no inventan mochilas que sepan hablar y así puedan ayudar a estas personas?». El docente Juan María Costa, responsable de la participación de dos grupos de 4º de Primaria y del aula de Educación Especial del colegio Reales Escuelas La Inmaculada de Córdoba, de la Fundación Santos Mártires, recuerda aquel instante como el verdadero punto de partida.

Meses después, esa chispa se ha convertido en premio: el Grupo ONCE ha reconocido esta mochila inclusiva como ganadora andaluza en la categoría A (3º y 4º de Primaria) del 42º concurso escolar, edición titulada Generación Innova, que invita a diseñar productos accesibles para que cualquiera participe en igualdad.

El proyecto nació de la experiencia. Al inicio de curso, una alumna del aula de Educación Especial se integró temporalmente en 4ºB para ajustar su respuesta educativa. Las pequeñas dificultades del día a día -organizar el material, anticipar cambios, moverse por el centro- se volvieron preguntas, y las preguntas, ideas. A la hora de participar en el concurso, el grupo ideó una mochila hablante que elimina barreras organizativas y favorece la autonomía.

Diseño

Su diseño contempla botones táctiles, un lector de voz y señales luminosas: al pulsar, la mochila identifica el material, recuerda el horario y guía desplazamientos dentro o fuera del colegio con luces y sonidos. Pensada para discapacidad visual o cognitiva o para problemas de memoria o comprensión, funciona sin necesidad de leer textos y convierte la rutina escolar en un itinerario claro.

El colegio Reales Escuelas La Inmaculada ha ganado un premio de la ONCE.

El colegio Reales Escuelas La Inmaculada ha ganado un premio de la ONCE. / CÓRDOBA

Costa subraya que, aunque el premio lo firma 4ºB, el trabajo ha sido colectivo. En paralelo, 4ºA presentó Pulsiluz, un reloj pulsera, y el aula de Educación Especial, otro reloj. Tres caminos, una misma intención: imaginar apoyos sencillos y eficaces. «Nunca pensamos que íbamos a ganar», admite el docente, que integró en las sesiones de Educación Física dinámicas para prototipar, probar y mejorar la idea con el grupo.

También reconoce la implicación de Nerea López, alumna de prácticas del grado de Educación que se sumó al proceso. El éxito, insisten, es compartido: un premio de las tres aulas que trabajaron coordinadamente y que hoy sienten como propio.

Parte del proyecto de los Premios ONCE.

Parte del proyecto de los Premios ONCE. / CÓRDOBA

El concurso de la ONCE no premia un dibujo bonito, sino pensamiento de diseño con propósito social. Cada aula debía proponer un producto accesible —nombre, ilustración y explicación: qué barrera elimina, quién lo usaría y cómo funciona— para formar parte de un catálogo digital de buenas ideas. En Andalucía, Ceuta y Melilla, la convocatoria ha llegado acerca de 25.000 estudiantes y más de 400 docentes implicados, de 358 centros educativos.

En el caso de las Escuelas Pías, la mochila inclusiva no es un objeto producido, sino un concepto replicable, abierto a que cualquier equipo técnico o ingeniería lo materialice mañana. Esa voluntad divulgativa y pedagógica atraviesa el trabajo: enseñar a mirar el entorno escolar desde la accesibilidad, nombrar las barreras, probar soluciones y aprender que la tecnología puede ser herramienta si nace de una necesidad real.

Largo proceso

Costa repasa el proceso de su alumnado: primero, escuchar una dificultad; después, imaginar un apoyo; por último, compartir una solución que poder desarrollar. Y lo resume con la frase que preside su clase y que los estudiantes ya sienten como propia: «todo parece imposible hasta que se consigue».

Esa convicción es, tal vez, el mayor aprendizaje que deja este viaje: que la inclusión empieza mirando distinto, continúa diseñando juntos y se completa cuando las ideas se vuelven accesibles para cualquiera. En La Inmaculada, aquella pregunta ingenua se convirtió en una mochila que habla y, sobre todo, en un lenguaje común para entender que inventar también es cuidar.

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