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Entrevista | Mariló Torres Piloto, periodista y astronauta análoga

«La educación pública me dio las bases y la confianza para llegar hasta aquí»

Nacida en Holanda, pero criada en Córdoba, esta trabajadora de la Diputación provincial, es también instructora de seguridad aeronáutica y primera candidata española a astronauta comercial

Mariló Torres, primera astronauta cordobesa

A. J. González

VÍCTOR RH

Córdoba

Mariló Torres ha convertido su trayectoria en un testimonio singular sobre cómo la educación pública, la curiosidad y el empeño personal pueden abrir caminos inesperados. Criada en Córdoba y formada en centros públicos, pasó de las aulas del colegio Al-Andalus a las del IES Séneca y después de la Universidad Complutense de Madrid a convertirse en piloto, instructora de seguridad aeronáutica, astronauta análoga y primera candidata española a astronauta comercial. Su recorrido, marcado por la disciplina, la actualización constante y una vocación que nunca abandonó, ilumina el valor de la formación como motor de transformación personal. Hoy visita centros educativos, inspira a nuevas generaciones y demuestra que los sueños más altos se construyen desde abajo: desde un pupitre, una biblioteca o un grupo escolar de teatro. Esta conversación profundiza en su camino, su relación con el conocimiento y sus reflexiones sobre la enseñanza y el futuro.

-Estudió siempre en la educación pública. ¿Qué significado tiene hoy para ti esa etapa?

-Estudié en colegio, instituto y universidad públicos, y me siento muy orgullosa. En el Instituto Séneca viví un punto de inflexión: había grupos de ajedrez, teatro, astrofísica e incluso un periódico escolar. Aquello fomentó la creatividad, la inquietud intelectual y, sobre todo, un gran hermanamiento entre el alumnado. Ese ambiente tan vivo y cultural marcó mi forma de entender la educación y el aprendizaje.

-¿Algún docente influyó especialmente en su trayectoria?

-No de forma directa, porque mi camino posterior no estuvo ligado a lo que estudié entonces, pero sí me influyeron de manera decisiva mis primeras instructoras y supervisoras en aviación. Aquellas mujeres demostraron que el mundo aeronáutico también era nuestro y fueron referentes que me acompañaron en mis primeros pasos en seguridad en vuelo.

-¿Cómo dio el salto de periodista a piloto y, de ahí, al espacio?

-Estudié Periodismo en la Complutense, pero enseguida me vinculé al mundo de la aviación. Llegué a ser instructora de seguridad y terminé haciéndome piloto porque quería practicar acrobacia aérea. Y logré todo eso, iba alcanzando metas. Desde ese entorno aeronáutico, el paso hacia el espacio fue natural: me formé en disciplinas STEM para poder participar en misiones análogas y realizar investigación en entornos que reproducen las condiciones de otros planetas y satélites.

«Las misiones análogas enseñan más de una misma que las de Marte o la Luna»

-Dice que nunca dejará de estudiar. ¿Qué representa para usted seguir formándose?

-Para mí lo es todo. Yo, siendo de Letras, decidí reconvertirme persiguiendo un sueño. Me preparé de manera autodidacta, amplié mis conocimientos y descubrí que estudiar solo aquello que te llena es una forma de libertad personal. Con la edad también te vuelves más selectiva: inviertes tu tiempo en lo que realmente te cautiva y te impulsa.

-Cuando visita centros educativos, ¿qué intenta transmitir al alumnado presente?

-Para mí es una simbiosis: ellos me ofrecen su cariño y yo trato de ofrecer inspiración. Sobre todo en la Semana de la Mujer y la Niña en la Ciencia, les insisto en que ningún sueño es demasiado grande si se trabaja con disciplina, constancia e ilusión. Intento mostrarles que los caminos que parecen inalcanzables también están abiertos para ellos.

-¿Qué falta aún en el sistema educativo actual para potenciar ese mensaje que traslada?

-Faltan referentes, especialmente para las niñas. Mientras no haya mujeres mostrando que ciertos caminos son posibles, seguirá habiendo brechas. También creo que se debería fomentar cierta especialización desde edades más tempranas y, al mismo tiempo, que la enseñanza pública y la privada converjan: una hacia la modernización y la otra hacia los valores que siempre ha encarnado la pública, como la igualdad y accesibilidad, la tolerancia y el pensamiento crítico.

La cordobesa Mariló Torres, primera candidata española a convertirse en astronauta comercial.

La cordobesa Mariló Torres, primera candidata española a convertirse en astronauta comercial. / A.J. GONZÁLEZ

-¿Qué aprendizajes le han dejado las misiones análogas?

-Un aprendizaje técnico y otro íntimo. En una misión análoga se convive en aislamiento y se realizan experimentos de verdad. Pero lo más importante es lo personal: te pones a prueba, descubres tus límites y compruebas que la mente es poderosa. Enfrentarte al confinamiento, al estrés o a entornos hostiles te enseña que puedes superar situaciones que, a priori, habrías imaginado imposibles. Las misiones análogas enseñan más de una misma que las de Marte o la Luna.

-Está inmersa en el entrenamiento para ser astronauta comercial. ¿Cómo lo vive y cuándo se prevén los primeros vuelos?

-Lo vivo como una ventana a lo inédito. Recibo cantidad de formación en medicina espacial, ingeniería, arquitectura aplicada al espacio, astrobiología o planetología. Y todo ello con instructores y astronautas veteranos. Los procedimientos espaciales heredan mucho de la aviación, pero sé que me exigirán muchísimo más. Solo poder acceder a este aprendizaje ya es, para mí, un fin en sí mismo. En cuanto a los vuelos, los primeros está previsto que se realicen en 2030 y tendrán como destino el espacio. Serán vuelos orbitales de 5 horas de duración, de las cuales 3 serán en gravedad cero. No irán a la Luna y mucho menos a Marte. Todo a su debido tiempo. Aún estaríamos lejos de eso.

Torres ha construido una trayectoria que une educación pública, vocación científica, divulgación y defensa firme del aprendizaje continuo. Su figura inspira a generaciones que buscan entender el valor del conocimiento y de los sueños

-¿Qué cualidades resultan esenciales para la exploración espacial?

-La disciplina es la palabra mágica esencial. También el compromiso con la tripulación, la convivencia, la capacidad de trabajar en equipo y estar en buena forma física. Es una profesión en la que debes doblegar tus necesidades individuales siempre en favor del grupo.

-¿Qué le llevó a perseguir definitivamente el sueño del espacio?

-Desde pequeña quería ser astronauta, aunque nadie lo tomara en serio entonces. Con el tiempo entendí que solo tengo una vida y debía intentarlo. El espacio es la última frontera humana; si lo logro será un sueño largamente acariciado, y si no, me quedará la serenidad de haberlo intentado.

-¿Ha cambiado su visión de la Tierra y su mirada hacia nuestro planeta tras estos años en el ámbito aeroespacial?

-Tras una década volando ya sentía que el planeta era pequeño. Pero escuchar a quienes lo han visto desde fuera revela su fragilidad: una atmósfera delgada, un hogar hermoso y vulnerable. Creo que si algún día llego al espacio, esa sensación de pequeñez y de responsabilidad será aún mayor.

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