Innovación educativa
Más de 100 centros y 3.000 alumnos de Córdoba se embarcan en el programa STEM
Este curso la enseñanza en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas se llena de retos prácticos y de «mancharse las manos» a través de iniciativas como ‘AstroPi’, ‘CanSat’, ‘Happy Code’ o ‘RetoTech’

El colegio Al-Yussana de Lucena ganó el pasado año un premio por su formación STEM. / CÓRDOBA
Víctor RH
Córdoba refuerza su apuesta por la innovación educativa a través del impulso del aprendizaje práctico en las aulas. En total, más de 100 centros (106) y cerca de 3.000 alumnos participan este curso en el programa de transformación STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) que se ha articulado como enseñanza voluntaria para este 2025-2026, según indica la Delegación de Desarrollo Educativo y Formación Profesional de la Junta de Andalucía.
El programa se fundamenta en una transformación radical del aprendizaje tradicional. El objetivo central no es la memorización de conceptos teóricos, sino la creación de una experiencia totalmente práctica donde la clave reside en «mancharse las manos».
Diversos beneficios
A través del trabajo en equipo, el alumnado se enfrenta a la resolución de problemas del mundo real, convirtiendo las aulas en laboratorios de innovación. Los pilares estratégicos de esta iniciativa son las competencias aplicadas (potencian habilidades en ciencia y tecnología mediante el uso práctico de herramientas) y el pensamiento crítico (despiertan la curiosidad y capacidad de análisis desde las etapas educativas tempranas).
Por otra parte, se fomenta la igualdad en tecnología (se trabaja activamente para romper las barreras de género que persisten en el sector tecnológico) y se planta la semilla del descubrimiento (y así plantar las bases del interés científico para que el alumnado descubra su propio potencial).
Líneas de trabajo
El itinerario provincial se articula en cinco líneas principales: ‘AstroPi’, ‘CanSat’, ‘Detectives Climáticos’, ‘RetoTech’, ‘F1 STEM Racing’ y ‘Happy Code’. Además, el ecosistema se complementa con ‘DigiCraft’, como herramienta de trabajo en competencias digitales.
‘AstroPi’ propone escribir código que se ejecuta en equipos a bordo de la Estación Espacial Internacional; ‘CanSat’ condensa la ingeniería aeroespacial en un satélite del tamaño de una lata; ‘Detectives Climáticos’ aborda problemas ambientales locales con datos e imágenes; ‘RetoTech’ integra robótica e impresión 3D para innovaciones de impacto; y ‘F1 STEM Racing’ introduce física y aerodinámica con monoplazas en miniatura diseñados por el alumnado.
En algunos programas concretos como ‘F1 STEM’ Racing están inscritos centros como el colegio San Luis Rey (Palma del Río) o los IES cordobeses Antonio Gala y Miguel de Cervantes. Por su parte, en ‘DigiCraft’ aparecen otros como los CEIP Albolafia, San Lorenzo, Los Califas, Nicolás del Valle o Al-Yussana. Y en la iniciativa Happy Code participan los colegios Divina Pastora, San Rafael, Santa María de Guadalupe y Séneca.
Este curso se impregna de prácticas experimentales, con recursos y formación para el profesorado que facilitan su implementación. Y con desafíos como enviar mensajes a la tripulación, o el lanzamiento y aterrizaje de satélites.
Este enfoque garantiza que el alumnado deje de ser un sujeto pasivo en su educación y pase a liderar procesos de descubrimiento científico, aplicando la ciencia en entornos reales y significativos.
Un programa inclusivo y con un amplio alcance
La arquitectura del programa STEM nace con vocación integradora: abre la participación a centros públicos y concertados de enseñanzas no universitarias, a residencias escolares y, como novedad, a la educación infantil de 0-3 años. La idea es sembrar el interés por la ciencia y la tecnología desde las primeras etapas, reforzando la curiosidad, el pensamiento crítico y la igualdad de oportunidades, al tiempo que se dota al profesorado de herramientas y acompañamiento en estas enseñanzas. Esta apertura multiplica el alcance territorial y social del STEM: de colegios a institutos y de Infantil a ESO, con una cultura de evaluación por evidencias y proyectos adaptados a cada etapa educativa.
Esta iniciativa quiere llevar las aulas «a otra dimensión» y no solo enseñar ciencia, sino inculcar esa curiosidad necesaria para despegar hacia su futuro desde ya.