Entrevista | Miguel Andrés Castaño Jefe de estudios del IES Florencio Pintado
«Pensando de forma profunda ayudamos a lograr un mundo mejor»
Este docente peñarriblense publica 'El pensamiento crítico no consiste en criticar a padres y profesores. Manual para cualquiera que desee mejorar su vida'

El profesor Miguel Andrés Castaño, firmando su último libro. / María Jesús Gómez
Víctor RH
-¿Qué le llevó a escribir el libro ‘El pensamiento crítico no consiste en criticar a padres y profesores. Manual para cualquiera que desee mejorar su vida’?
-Todo surgió cuando en el instituto IES Florencio Pintado de Peñarroya-Pueblonuevo decidimos fijar un objetivo de centro para mejorar como comunidad educativa. Preguntamos a alumnado, familias y profesorado y coincidieron en que debíamos fomentar el espíritu crítico y el emprendedor. Como jefe de estudios pensé que era necesario formarme a fondo para acompañar ese objetivo. Empecé a leer muchísimo, a escuchar ‘podcasts’, ver conferencias y empaparme del tema. Primero lo trasladé al profesorado, después impartí un curso en el centro de profesores y, al terminar, tuve claro que todo aquel trabajo podía convertirse en un libro.
-¿Cuánto ha durado ese proceso?
-Desde que se planteó la idea en el instituto han pasado unos dos años. La escritura propiamente dicha me llevó unos nueve o diez meses de trabajo constante.
-¿Era su primera experiencia como autor de una obra literaria?
-No exactamente. Ya había publicado textos de ficción: novela, relatos, incluso algo de poesía. Pero me apetecía entrar en el ensayo porque últimamente he leído muchos y me atraía ese formato. Quería ver si era capaz de escribir uno de manera clara y útil.
-¿Cuál es su formación y qué papel desempeña en el centro?
-Soy profesor de Física y Química, aunque también coordino debates en el instituto, una actividad muy relacionada con el pensamiento crítico.
«El alumnado aprende a plantearse preguntas de y con fondo que provocan reflexiones útiles»
-¿Qué aporta su libro frente a otros textos sobre el tema?
-Muchos libros tratan el espíritu crítico solo de pasada, otros son demasiado densos o dejan lagunas. He intentado ir a lo esencial, hacerlo accesible y añadir algo que no suele verse: actividades sencillas y concretas para aplicar directamente en el aula. Me parecía importante ofrecer herramientas prácticas y no solo teoría.
-¿Pensamiento crítico y espíritu crítico son equivalentes?
-En general sí, aunque algunos autores los diferencian: el pensamiento sería algo más cognitivo y el espíritu abarcaría a toda la persona. Pero suelen usarse como sinónimos y están muy relacionados.
-¿La implantación del concepto en el centro es transversal?
-Todavía no del todo. Llevamos poco tiempo y el proceso es lento. Aun así, varios docentes ya lo están aplicando y, en mi caso, ha modificado mi manera de explicar y de plantear actividades. Lo positivo es que tengo un equipo al lado que también lo está incorporando.
-¿Qué ventajas y dificultades están encontrando en el proceso?
-La mayor ventaja es que ofrece una formación más real y útil para la vida. Más allá de memorizar, el alumnado aprende a hacerse preguntas profundas, reflexivas y aplicables a cualquier situación. Y además es muy divertido trabajar así. La dificultad es que ni alumnado ni profesorado están acostumbrados. Cuando se proponen actividades nuevas —como pedir preguntas cuya respuesta nadie conozca— al principio cuesta, porque lo desconocido provoca rechazo. Pero con el tiempo ven su utilidad y se animan.
«Convencer a otros de algo nuevo es infinitamente más difícil que hacerlo a uno mismo»
-¿Qué resulta más complejo, el trabajo personal o el divulgativo?
-Sin duda, sacarlo fuera. Formarse es casi adictivo porque descubres temas fascinantes y nuevas maneras de enseñar. Lo difícil es convencer a otros de la utilidad de algo que todavía no conocen, casi como vender un producto que no se ha visto.
-¿Se integra igual el espíritu crítico en todas las asignaturas?
-No. En algunas, como Historia, surge de manera muy natural. En Matemáticas cuesta más porque es un saber exacto, pero también se puede. Y asignaturas como Dibujo o Física y Química ofrecen oportunidades muy interesantes para plantear preguntas y análisis.
-¿En qué mejora la vida personal sumergirse en el espíritu crítico?
-En que te permite tomar decisiones más meditadas y, por tanto, más acertadas. Yo uso las mismas técnicas que enseño. Aunque a veces las emociones se imponen, al menos sabes cuál es el camino adecuado y puedes sentirte orgulloso de haber razonado por ti mismo.
-¿Es posible evitar el piloto automático de la mente al decidir?
-No del todo. El cerebro necesita ahorrar energía. La clave es saber cuándo quitarlo. Hay decisiones, como a quién voto, que no deberían tomarse en piloto automático, pero muchas veces lo hacemos así.
-¿Qué le gustaría que quedara en la persona lectora de su libro?
-Que pensando de forma profunda ayudamos a lograr un mundo mejor, para uno mismo y para los demás. Si consigo que esa idea llegue a unas cuantas personas, habrá merecido la pena escribir el libro.
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