Seguro que en algún momento de tu vida has heredado zapatos de tu hermano mayor o de tu primo, porque al fin y al cabo ¿qué malo tiene utilizar zapatos de otra persona, y más si es de tu propia familia? Para nuestras madres y padres era una forma de ahorrar y reutilizar la ropa que otro hermano o primo había utilizado durante unos pocos meses (todos sabemos lo rápido que les crecen los pies a los niños). Pero ¿es bueno para el pie heredar calzado? La realidad es que no. Te contamos porqué.

5 problemas de salud por heredar calzado de otros niños

Javier Alfaro, podólogo infantil, recalca en un vídeo de YouTube que cuando damos un calzado reutilizado a uno de nuestros hijos estamos aumentando las posibilidades de crearle un problema en la pisada que antes no tenía. Como menciona, "puede que no ocurra nada, porque simplemente nuestro hijo mayor pisaba bien y el pequeño también, pero en la medida de lo posible es preferible evitarlo".

"Cuando damos un calzado reutilizado a uno de nuestros hijos estamos aumentando las posibilidades de crearle un problema en la pisada que antes no tenía"

Javier Alfaro - Podólogo

Por su parte, el Ilustre Colegio Oficial de Podólogos de la Comunidad Valenciana (ICOPCV) advierte de los problemas que supone heredar calzado de otros niños. Los expertos mencionan que la plantilla de la zapatilla heredada puede desgastarse de uno a otro. ¿Qué implica en los niños más pequeños? Pues que al no saber describir las molestias que notan, no lo mencionan. Esto los lleva a modificar la posición de su pie, por ejemplo, encogiendo los dedos. Tal y como declaran los expertos “esto afectará a su marcha y al correcto desarrollo del aparato locomotor".

Por ello, los principales problemas que pueden derivarse del uso de un calzado heredado en los niños son:

  • Deformidades en los pies.
  • Alteraciones en la forma habitual de caminar.
  • Aparición de rozaduras u otras molestias.
  • Generación de patologías derivadas de un mal apoyo.
  • Contagios por hongos.

Revisión podológica en niños. ¿Cuándo?

El Ilustre Colegio Oficial de Podólogos de la Comunidad Valenciana (ICOPCV) recomienda que desde que nacen hasta los tres años, debemos revisar la talla de su calzado cada dos semanas. A partir de los cuatro años, debemos llevarlos a un podólogo para realizar revisiones anuales. De esta forma confirmamos que su evolución es buena y que no es necesario aplicar cualquier tratamiento correctivo.

Solo tenemos dos pies que nos acompañarán el resto de nuestra vida, más vale que empecemos a cuidarlos desde que estamos en época de crecimiento para evitar poner soluciones demasiado tarde.