Cuando gritamos a nuestros hijos e hijas no nos sentimos bien. Además, somos conscientes de que es un recurso con resultados a corto plazo, pero no a larga, de ahí que no sea nada educativo. ¿Queremos empezar a educar sin gritos? Si la respuesta es sí, te proponemos que te ayudes del Desafío del Rinoceronte Naranja, diseñado por una madre estadounidense que decidió proponerse dejar de gritar a sus hijos durante un año.

¿En qué consiste la técnica del rinoceronte amarillo para dejar de gritar a nuestros hijos?

Sheila McCraith es madre de cuatro hijos. Un buen día, se avergonzó de gritar a los hijos cuando descubrió que estaba observándola un obrero que hacía reformas en su casa. Los días anteriores había podido reprimir las ganas de gritar a sus hijos mientras los obreros estaban en casa, pero en ese momento pensó que ya no estaban y verse “descubierta” por el obrero le hizo sentir muy mal. Esta experiencia le enseñó dos cosas:

  1. Que era capaz de controlarse por el miedo al qué dirán personas extrañas.
  2. Que debía importarle más lo que pensaran y sintieran sus hijos que lo que pensaran terceras personas.

Y así es como se propuso estar un año entero sin gritar a sus hijos. Se lo planteó tan en serio que, si en algún momento gritaba a sus hijos, debía poner el contador a cero hasta llegar a estar un año sin gritar.

¿Qué tiene que ver un rinoceronte naranja con dejar de gritar a nuestros hijos? Sheila cuenta que los rinocerontes son tenaces y fuertes y que son pacíficos salvo cuando se les provoca. Y el color naranja, en su opinión, inspira energía y determinación. Y la determinación es, parece, lo que más hace falta para dejar de lado esta fea costumbre.

Si nos sentimos mal cuando alguien nos descubre gritando a nuestros hijos es, seguramente, porque pensamos que lo que estamos haciendo no está bien y no es bueno para ellos, ¿no? Pero simplemente, nos sale, estamos cansados, sin paciencia, nos sacan de quicio, no nos hacen caso y claro, gritamos. Seguro que no podremos discutir que gritando no podemos educar ni damos un buen ejemplo: no querremos que nuestros hijos griten. Este es el primer paso que plantea Sheila: darse cuenta de que necesitamos cambiar y desterrar el grito de nuestra forma de educar, porque puede herir, porque nos avergüenza y porque, además, no educa.

Si gritamos a nuestros hijos, aprenderán que para conseguir lo que ellos quieren deberán gritar Freepik

El plan para dejar de gritar a nuestros hijos

Pero Sheila anima a no quedarse ahí: hace falta un plan. Debemos fijarnos un objetivo claro (por ejemplo, dejar de gritar un mes seguido), observar cuándo y por qué se desencadena el grito (por ejemplo, cuando queremos llegar pronto al cole, o cuando no conseguimos acostarlos, o cuando queremos que coman lo que hay en el plato) y pensar posibles soluciones o alternativas. Sheila también presenta posibles planes B para no gritar, como hacerlo fuera de la vista de tus hijos, o correr, o tomar fotos, o reír aunque no tengas ganas, dar golpes a una mesa, contar hasta 100, escribir por qué quieres gritar…

Para que el plan funcione, es muy importante compartirlo: contar con una red de apoyo (como la página de Facebook en español “El desafío del rinoceronte naranja”) y comunicarle este viaje que has decidido emprender a tu entorno más cercano.

Como dice la autora del reto, ‘no siempre puedo controlar las acciones de mis hijos, pero SIEMPRE puedo controlar mi reacción’.

¿Qué os parece?

Para más información, podéis visitar la página web de la autora del reto (en inglés).