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ENERGÍA

Almaraz y el ‘efecto dominó’ de las nucleares: ¿por qué prorrogar una central empuja a aplazar el cierre de todas?

El Gobierno estudia ya una aprobación rápida de la petición de retrasar la clausura de la planta cacereña hasta 2030 y puede desatar una ampliación en cadena del resto de reactores para no hacer coincidir los desmantelamientos

Iberdrola y Endesa aspiran a una prórroga generalizada y anticipan su intención de ir pidiendo al Ejecutivo la prolongación de la vida útil de otras de sus centrales nucleares

La central nuclear de Almaraz, en Cáceres.

La central nuclear de Almaraz, en Cáceres. / CNAT

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David Page

David Page

Madrid

El Gobierno estudia ya aprobar el aplazamiento del cierre de la central nuclear de Almaraz hasta 2030. Tras el informe favorable del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) a la ampliación de la vida de la planta, el Ministerio para la Transición Ecológica ha reactivado la tramitación formal de la solicitud presentada por Iberdrola, Endesa y Naturgy para postergar la clausura de la planta, cuyos dos reactores tenían previsto desenchufarse en 2027 y 2028. El Ejecutivo tiene la última palabra sobre la ampliación de la central y en principio dispone de sólo dos meses para pronunciarse formalmente.

Las grandes eléctricas han dado con Almaraz el primer paso para revisar el calendario previsto de cierres de las nucleares. Pero la intención de las compañías, al menos de Iberdrola y Endesa (la posición de Naturgy y de EDP tiene matices) es no conformarse sólo con ‘salvar’ la planta cacereña y solicitar en el futuro la ampliación también del resto de centrales nucleares en busca de una prórroga generalizada.

El calendario pactado hace un lustro por las eléctricas y el Gobierno contempla el cierre escalonado de todas las plantas entre 2027 y 2035. Desde el sector eléctrico se defiende que un aplazamiento de la clausura de Almaraz, aunque sea sólo hasta 2030, desataría un ‘efecto dominó’ en todo el parque nuclear nacional que obligaría a reordenar el cierre del resto de centrales nucleares para no solapar los trabajos de desmantelamiento. Se retrasaría así el apagón nuclear total y se prolongaría con carácter general los años de funcionamiento del parque nacional de reactores.

El calendario de cierres actual está diseñado para que los trabajos de desmantelamiento puedan ser asumidos por los medios de que dispone Enresa, la sociedad pública encargada de gestionar los residuos radiactivos y el achatarramiento de las centrales cuando dejen de funcionar.

Las compañías eléctricas dan por hecho que atrasar hasta 2030 el fin de los dos reactores Almaraz forzará a aplazar los cierres previstos para eso año de Ascó I (Tarragona) y Cofrentes (Valencia) para que no coincidan el inicio del desmantelamiento y todas las fases posteriores de cuatro reactores simultáneamente. Y si se posterga la clausura de estos dos reactores, también debería aplazarse la de Ascó II, programada para 2032. Los dos últimos cierres, los de Vandellós II (Tarragona) y Trillo (Guadalajara) ahora están previstos para 2035.

Decidir por unanimidad

Endesa e Iberdrola son las dos grandes propietarias de las centrales nucleares en España. Las dos compañías eléctricas son socias y comparten accionariado en casi todas las plantas. Las participaciones accionariales mayoritarias son cambiantes en cada central: las tiene una u otra compañía en según qué instalación. Al final, el peso de ambos grupos en el negocio nuclear en el mercado español es similar. En paralelo, Naturgy y EDP cuentan con participaciones minoritarias en algunas plantas.

Sin embargo, las decisiones estratégicas de las centrales nucleares -como la prolongación de las autorizaciones de explotación- han de tomarse por unanimidad, con independencia del peso accionarial de cada socio, por las obligaciones legales de la figura de las agrupaciones de interés económico (AIE), que es el tipo de entidad que se utiliza para gestionar los reactores en España. Naturgy ha defendido públicamente sólo prolongar hasta 2030 la central de Almaraz y aprovechar ese tiempo para echar cuentas y valorar si es necesario prolongar el resto de plantas. EDP es la compañía que menos proclive se ha mostrado sobre posponer el cierre nuclear.

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Fuente: El Periódico

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