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La clave

La guerra como nueva excusa

Francisco José Bocero

Francisco José Bocero

Nada que objetar a esta nueva política de las emociones donde la sociedad está ahíta de propaganda, especialmente desinformada, y, sobre todo, tensionada en el lenguaje y las actitudes hasta extremos inaceptables. ¿No es eso parte de la democracia? Pues vale.

Ahora bien, mantener y profundizar en la degradación institucional es ya otra cosa muy distinta. No hay un gobierno en Europa que lleve tres años sin presupuestos, y vamos hacia el cuarto, sin rendir cuentas ante los ciudadanos. No hay razones objetivas -nada tiene que ver el cuadro macro «a la cabeza de las economías europeas»- para que, año tras año, no se hayan presentado, como es obligación constitucional, aún a riesgo de rechazo. Y no hay razón alguna para minimizar esa ausencia por mucho que pueda estar dentro del marco legal.

Precisamente, la democracia, argumento y excusa, mito y bandera, requiere de acuerdos y consensos en beneficio de la mayoría, no de las minorías absolutas para obtener y mantener privilegios incompatibles con el resto.

Ese es el gran problema, no la guerra y sus consecuencias globales. El gran problema está aquí, en la casa común que se llama España, y no fuera de ella. Lo vamos a ver en toda su crudeza el día después de las elecciones generales, cuando sea que toquen.

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