DOSSIER CV
Glòria Caravantes, doctora en Servicios Sociales: “Vivimos en un ‘antisistema’ de vivienda donde no hay nadie al volante”
La doctora en Trabajo Social y Servicios Sociales cree que el modelo del futuro "es el de la ciudad supervivencia ante catástrofes naturales, contaminación y masificación”
La doctora en Trabajo Social y Servicios Sociales Glòria Caravantes no puede escapar a su objeto de estudio. A la autora de la tesis ‘La vulnerabilidad urbana en las ciudades de la Comunitat Valenciana’, como a cualquiera, compañeros y amigos le hablan constantemente sobre alquileres, precios, contratos y viviendas sobre plano. “El otro día una compañera me dijo que había firmado una hipoteca y no supe si felicitarla o darle el pésame”, reconoce. Lo dice con conocimiento de causa: Caravantes lleva años estudiando la vivienda y todo lo que la rodea: la creación de bolsas de pobreza en barrios de protección pública, el impacto del acceso a la vivienda a la pirámide de población, la turistificación o la creación de una “ciudad dual”, segregada entre quien puede pagarse vivir en el centro y quien es expulsado al área metropolitana. Su pronóstico no es optimista: la ciudad del futuro no será, dice, la de los quince minutos, sino la de la supervivencia ante catástrofes y masificación. Eso, en un futuro cercano. En el presente, prefiere hablar de “antisistema de vivienda”. “No hay nadie al volante”, lamenta.

La doctora en Trabajo Social y experta en vivienda Glòria Caravantes en la Facultad de Ciencias Sociales de la UV / Miguel Ángel Montesinos
Ha centrado gran parte de su investigación, también su tesis, en el concepto de vulnerabilidad urbana. ¿Cómo la define?
La vulnerabilidad urbana, presente sobre todo en las ciudades, es un fenómeno poliédrico que tiene diferentes aristas, diferentes miradas. No solo está atravesada por cuestiones territoriales, sino también sociodemográficas, socioeconómicas, residenciales, pero también de la participación y de los recursos económicos que hay en estos barrios. La vulnerabilidad urbana es ese conjunto de factores de desventaja social, urbanística, territorial, social o educativa. Para el análisis de la vulnerabilidad urbana tienen que estar presentes dos aristas: personas y territorio. Esa vulnerabilidad es persistente, y en algunos barrios incluso crónica: son vulnerables desde sus orígenes, precisamente por cómo se han configurado o quién los habita.
La Comunitat Valenciana es la autonomía de toda la España peninsular con mayores índices de vulnerabilidad urbana. ¿A qué se debe?
Esa realidad se puede ver a partir de un catálogo de barrios vulnerables del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana. Para calcular ese indicador se valoran cuestiones residenciales como la antigüedad de las viviendas; socioeconómicas, como el nivel de renta o el nivel educativo; sociodemográficas, como la cantidad de población envejecida o migrante, y de vulnerabilidad subjetiva, como la contaminación acústica, ambiental, salubridad e higiene. El territorio valenciano tiene una tasa de vulnerabilidad del 43% y eso tiene mucha relación con la política de vivienda. Tenemos que tener en cuenta que la gran mayoría de barrios vulnerables son de promoción pública. Si yo construyo una gran promoción de mil viviendas públicas y desde los orígenes valoro que, cuanto peor estés, mejor para acceder (violencia de género, pocos recursos, pocos estudios), acabo generando un grupo poblacional del mismo perfil demográfico. Un grupo burbuja creado por la propia administración pública. Esto pasa en la zona norte de Alicante, donde se hicieron grandes inversiones pero sin planificar el hábitat en esos barrios. Considero que la administración también tiene que diversificar los perfiles de las personas que viven en los barrios, y hacerlo a largo plazo porque esto afecta muchísimo a los barrios.
Por un lado, la vivienda protegida tiende a concentrarse en ciertos barrios. Por otro, cada vez es más fácil que deje de ser protegida y pase al mercado libre. ¿Cómo afecta esta doble dinámica?
Uno de los grandes problemas que tenemos como estado es que el régimen de protección no es permanente. Una vivienda de protección oficial puede costar 150.000 euros aun estando al lado de 300.000, pero si se retira el régimen de protección tan solo a los siete años, esas viviendas se pueden vender por 300.000 euros y todo el dinero público invertido lo estamos perdiendo. El problema actual es que no hay respuesta institucional a la subida de precios porque no tenemos pisos públicos; si el modelo hubiera sido más tendente al alquiler asequible, se podría dar más movilidad. Considero que el régimen de protección debería ser permanente y que la administración tiene mecanismos para adquirir viviendas en el conjunto de los barrios para garantizar una cierta mixtura social y que no solo las rentas bajas estén con las rentas bajas.

La doctora en Trabajo Socuial y experta en vivienda Glòria Caravantes en la Facultad de Ciencias Sociales de la UV / Miguel Ángel Montesinos
¿Cuál es el catálogo de soluciones que tendría una administración pública para intentar paliar el problema de acceso a la vivienda y todos sus derivados?
La primera podría ser el tanteo y retracto, que permite que, cuando las viviendas se ponen en venta, la administración tenga la posibilidad de adquirirlas. Al fin y al cabo, siempre será mucho más barato rehabilitar que construir de cero. La segunda es limitar los precios en zonas tensionadas; aunque creo que es como un salvavidas que realmente no nos salva de nada, porque la administración tiene un protagonismo residual frente a los grandes tenedores y la renta libre. Otra opción es limitar la compra por parte de extranjeros, como en Dinamarca, donde se prohíbe comprar más de una vivienda y en la primera tienes obligación de vivir. En cualquier caso, el tema de la vivienda no pasa por una ni por 50 medidas, sino por la gobernanza entre niveles de administración. Necesitamos hechos más que declaraciones.
El coste de la vivienda parece estar sumido en un ascenso imparable. ¿En qué momento del ciclo de precios, pero también de políticas públicas, estamos en materia de vivienda?
En principio ya debería haber tocado techo y haber estallado, pero el ciclo nos ha dado respuestas que no esperábamos: los precios no paran de crecer. Es una situación muy paradigmática; hemos visto manifestaciones multitudinarias en València, pero eso no quita que cada vez haya más personas en la calle por desahucios diarios, una realidad más invisibilizada. Y, con todo, no estoy convencida de que los precios vayan a bajar; creo que aún subirán más.
Ha estudiado cómo el acceso a la vivienda cambia la estructura poblacional y la morfología urbana. ¿Qué interrelación hay entre quién habita las zonas y cómo se construye y dota a la ciudad?
Lo vemos a diario: mientras que antes se elegía vivienda por los servicios del barrio o condiciones familiares; ahora el criterio principal es el precio por metro cuadrado. Lo que está pasando es una expulsión a las zonas metropolitanas. Solo los que pueden pagar viven en el centro, y eso genera una ciudad dual: gente que destina 1.500 euros para estar a cinco minutos de la oficina frente a trabajadores que viven a una hora en transporte público. En paralelo, crece la turistificación, que reduce la accesibilidad porque los pisos pasan a ser para estancias temporales, lo que va en contra de quienes quieren residir de forma estable. Yo hablo de un "antisistema de vivienda", porque no hay nadie al volante.

La doctora en Trabajo Socuial y experta en vivienda Glòria Caravantes en la Facultad de Ciencias Sociales de la UV / Miguel Ángel Montesinos
La dana evidenció el riesgo de vivir en zonas inundables, pero muchos vecinos no pueden marcharse por el precio de la vivienda. ¿Hasta qué punto estamos ante una especie de “trampa residencial”?
La dana ha sido una catástrofe mayúscula, pero el problema de la reconstrucción es que está mal planteada, porque se reconstruye tal y como estaba construido. Han vuelto a construir casas justo al lado del barranco, en zonas inundables. No hemos aprendido nada: las carreteras y las vías del metro se han reconstruido en los mismos términos. El planteamiento de dónde y cómo vivimos ante el riesgo medioambiental no se está contemplando en la planificación. En cuanto a precios, en los primeros momentos después de la dana había diferencia respecto a València, pero ahora un piso en Benetússer, Sedaví o Alfafar te puede costar ya 1.000 euros en alquiler.
¿Cómo van a configurarse las ciudades y los barrios de nuestro futuro inmediato? ¿Cuál es el nuevo modelo de ciudad?
Se ha hablado mucho de la "ciudad de los 15 minutos", pero no pienso que sea posible porque vamos hacia ciudades cada vez más masificadas, donde el protagonismo del vehículo es fundamental y se pierde la relación entre el vecindario. ¿Cuál sería el modelo del futuro? El modelo de supervivencia ante catástrofes naturales, contaminación y masificación. Porque la densidad también crece, sobre todo en barrios periféricos como, en València, el Barrio de la Luz o la Fuensanta, donde se empiezan a vender viviendas por habitaciones y familias enteras residen así.
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