El alcance de los euros a precio tirado para todos los socios de la moneda común, combinado con las inusuales dudas del mercado de referencia, Wall Street, dejaron ayer una jornada de escasa relevancia bursátil. A diferencia de otras sesiones en las que un par de indicadores de coyuntura eran capaces de agitar a los corredores de carteras, los dos que se conocieron ayer a un lado y otro del Atlántico apenas pasaron del nivel de pellizco en los grandes índices. Por la parte europea, ayer se publicó uno de los indicadores del instituto de análisis económico alemán más prestigioso, el IFO, que recogía cierto optimismo de su sector productivo. Sirvió, según algunos analistas, para contribuir al repunte de la paridad del euro frente al dólar después de semanas de alzas del billete verde americano.

Del otro lado, apareció el indicador de pedidos de bienes duraderos del sector manufacturero de EEUU del mes de febrero. Resultó negativo, lo que augura que la recuperación económica del país no es tan sólida como se esperaba y, por lo tanto, la subida de tipos de interés del dólar puede no ser tan inminente. Tampoco se reflejó en las operaciones del mercado de renta variable, donde reinó la gran operación de unir en una sola compañía los dos grandes símbolos de las salsas norteamericanas, Heinz y Kraft. Ahí mojaron a gusto la mayoría de los especuladores y tiraron con fuerza del sector alimentario del Dow Jones, pero no lo suficiente.

El Ibex-35 eligió la recogida de beneficios, con pérdida del 0,99% hasta 11.464 puntos.