Es como aquella canción que a algunos nos enseñaron en la guardería. Su personaje principal era Alberto Santos-Dumont, brasileño pionero de la aviación, de quien en el tema se contaba que había inventado un globo que pensaba dirigir solo con aire. Su padre le pedía que bajase, porque una misteriosa comisión que se dirigía a Antequera Que vaya a donde quiera / que no me pienso bajar / que me pienso dirigir hacia el peñón de Gibraltar , le contestaba el aviador. Con los inversores pasa igual a veces. Cuando todo parece dirigirles a un destino, deciden seguir. Y que salga el sol por Antequera, esa población malagueña a la que la comisión se dirige.

En no pocas de estas ocasiones, con todo, lo que hacen los que deciden sobre el dinero propio y ajeno es aprovechar que los mercados llevan unos días con una fuerte caída para comprar barato. Es el consabido rebote y es lo que sucedió ayer.

Tras jornadas de duro castigo por el resultado de las elecciones italianas, los agentes del mercados decidieron interpretar como un signo positivo que el país pudiese colocar la deuda que tenía previsto subastar, aunque fuese pagando bastante más. La mejora de los indicadores de confianza de la zona euro y la buena apertura de Wall Street apuntalaron el optimismo comprador.

Así las cosas, el Ibex 35 subió el 1,95%, hasta 8.136,7 puntos y prima bajó 13 puntos básicos, hasta los 378. Habrá que ver si Santos-Dumont sigue empeñado en ir a Gibraltar, claro.