Como sucede con tantas cosas que nos acompañan desde hace siglos, nadie sabe con certeza el origen del juego del dominó. Algunos lo sitúan en China, como evolución de los dados indios. Otros en Mesopotamia, y aseguran que se encontraron fichas en la tumba de Tutankamón. Tampoco hay acuerdo sobre la procedencia del término: que si del latín dominare, que si de benedicamus dominos (bendigamos al señor), que si de la capucha blanquinegra de los dominicos-

Sucede con este juego como con la frase hecha "efecto dominó", tan asociada a la crisis de la deuda europea. Aunque nadie sepa quién la usó primero, ha hecho suerte. Y ello a pesar de que tenga poco sentido: el dominó se juega con las piezas firmemente asentadas en posición horizontal, no en un precario equilibrio vertical que provoque caídas en cadena. Pero, igualmente, todos nos imaginamos países cayendo unos sobre otros.

Nos lo estamos volviendo a imaginar, desde luego. El déficit público de Portugal se ha triplicado hasta febrero, avivando el fantasma de un nuevo rescate. Y Citigroup nos ha echado una mano. Al cuello: "España se encuentra con el mayor riesgo de reestructuración soberana que haya tenido nunca", dijo Willem Buiter, economista del banco.

Con gran sentido de la oportunidad, Alemania volvió a alentar el fin de las ayudas del Banco Central Europeo. Y así las cosas, el Ibex 35 bajó el 0,89%, hasta los 8.490,9 puntos, y la prima de riesgo se disparó hasta los 342 puntos básicos.