Después de los bostezos del viernes, ayer llegaron las palabras y, dentro de tres semanas, podrían llegar los hechos. Los mandatarios de los 43 países que participan en Pekín en la séptima cumbre Asia-Europa (ASEM) --muchos de los cuales fueron cazados por los fotógrafos mientras dormitaban el día anterior-- se pusieron ayer de acuerdo para reclamar una reforma "profunda" del sistema financiero internacional y un papel más activo del Fondo Monetario Internacional (FMI) en la gestión de una crisis que, además de internacional, ya es mundial.

Los europeos --partidarios de una refundación del sistema financiero internacional, de un nuevo modelo de supervisión y de mejores mecanismos de respuesta a la crisis-- han logrado sumar a los asiáticos a su causa. "Los dirigentes se comprometen a emprender una reforma real y a fondo de los sistemas internacionales monetario y financiero," proclama la declaración de los 43 países. EEUU, mientras, mantiene una posición tibia y su presidente, George Bush, prefiere hablar de "principios" en lugar de "reformas profundas".

Si es el momento de pasar a los hechos se verá en la próxima cumbre que el G-20 celebrará en Washington el 15 de noviembre, en tres semanas, donde quiere estar el Gobierno español.

NUEVO BRETTON WOODS El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, pronosticó ayer que en Washington se adoptarán "decisiones concretas e importantes". Para Barroso, la crisis actual ofrece la oportunidad de un nuevo "Bretton Woods", en alusión a los importantes acuerdos de 1944 que sirvieron para fundar un nuevo orden económico, con la creación del Banco Mundial y del FMI y con la adopción del dólar como moneda internacional. "Si no lo hacemos ahora, ¿cuándo lo haremos?", se preguntó Barroso.

Europa quiere un mayor papel para el FMI. Es una idea en la que insiste el presidente español, Rodríguez Zapatero. Islandia acaba de recibir un préstamo del FMI de 2.100 millones de dólares. Pakistán, Ucrania, Bielorrusia y Hungría están ya en negociaciones con el organismo internacional y, según la prensa americana, Brasil, Suráfrica, Argentina, Turquía, Serbia, México o Corea del Sur también tendrán que acudir a él. Su director general, Dominique Strauss-Kahn, ha adelantado que las condiciones no serán tan exigentes como en el pasado. La clave de la cumbre que ayer finalizó en Pekín está en la adhesión de China a las posiciones europeas. "Tenemos necesidad de innovación financiera para servir mejor a la economía, pero también tenemos necesidad de una mayor regulación para asegurar la estabilidad financiera", afirmó en rueda de prensa el primer ministro chino, Wen Jiabao. "La economía virtual debe estar coordinada con la real. Los problemas de la economía virtual no deben influir en el desarrollo de la economía real", añadió. En opinión del mandatario chino, las medidas adoptadas hasta ahora no son suficientes. "Discutiremos con los dirigentes del mundo medidas para hacer frente a la crisis financiera de manera pragmática y común", subrayó tras recordar que los países asistentes a la cumbre suman el 60% del PIB mundial.

"Sí, en Washington habrá decisiones concretas", reafirmó el jefe de Estado francés y presidente de turno de la UE, Nicolas Sarkozy. "Hemos tenido conversaciones conjuntas y bilaterales y todos deseamos que Washington sea un lugar en el que no nos limitemos a hablar, tenemos que tomar decisiones", añadió.