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La ronda francesa

El caos se apodera del Tour con un esprint desastroso en Pau

La prueba ya mira este jueves hacia el Tourmalet tras la victoria del neerlandés Olav Kooij en una etapa sin grandes emociones.

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Pau (enviado especial)

Estropicio en el Tour. No hay manera. Ponen pocos esprints, como una serie que ya no está de moda y nadie la ve, y cuando llegan, cuando entran en el perfil de la carrera, se monta un lío, se caen unos cuantos, y se quedan unos pocos delante, con los ases de la carrera en un segundo plano, no sea que se metan en un follón que no va con ellos y una etapa de recuperación de apenas 158 kilómetros acabe con los huesos por el asfalto de Pau.

Hay días que entran por si solos en la historia del Tour y otros que pasan desapercibidos. Hay jueves en los que no se pone el sol en la carrera, aunque haya cierto riesgo a tormenta: bajan las temperaturas ¡aleluya! Este calor no lo aguanta ni un cactus. Ahora toca Tourmalet y Pirineos después de un esprint accidentado, qué lata, con la victoria del neerlandés Olav Kooij, que, hasta ahora, con 24 años, sumaba como mayor éxito tres triunfos de etapa en el Giro.

El enfado inicial

Algunos franceses se expresaban de forma cabreada porque en el Decathlon de su querido Paul Seixas habían incluido a un esprínter. ¿Para qué lo habían traído al Tour se preguntaban? Era un lujo que entre los siete supuestos ayudantes del joven genio hubiese un velocista que luego no podría prestarle apoyo en la montaña. Pues mira por dónde, gracias a Kooij el conjunto francés se anotó una victoria a las puertas del Tourmalet, que este año llega muy pronto, a la sexta etapa y después de visitar el Aspin.

Las vacas sagradas de la velocidad del Tour se vieron sometidas por una caída que se produjo a 5.200 metros de la llegada de Pau, por culpa de una isleta que más de uno se tragó. Si se esperaba el espectáculo de un esprint masivo; todos juntos, buena parte de ellos sin frenar, el supuesto espectáculo se quedó en un grupo de 20 ciclistas donde Kooij, sorprendentemente, se impuso a las estrellas como Tim Merlier (tercero), Jasper Philipsen (quinto), Bini Girmay (sexto) o Mads Pedersen (séptimo).

Ahora cubrirán las cuestas del Tourmalet y la final a Gavarnie, por la parte francesa del Monte Perdido, con la única preocupación de no llegar fuera de control, que de eso saben mucho, y a prepararse para ganar el viernes el esprint de Burdeos, la capital de la velocidad del pelotón, después de los Campos Elíseos de París, antes de que colocaran el obstáculo de Montmartre.

La cita importante de este jueves

Fue una etapa sin historia, demasiado corta para que estos ciclistas preparados para retos mayores sufrieran y aunque hizo calor, fue algo más agradable que circular sobre las brasas que el martes acercaron el Tour hasta Foix.

Cuando un pelotón rueda compacto y sólo se permite una fuga consentida es mejor fijar la imagen en el horizonte, en el Tourmalet, en una etapa de 4.100 metros de desnivel acumulado donde Tadej Pogacar puede volver a sacar el cuchillo, aunque bien es cierto que la ascensión a meta tampoco es gran cosa, puerto de segunda categoría, que sólo se llevarán seis días de competición y el Tour es muy largo.

El perfil del Tourmalet.

El perfil del Tourmalet. / ASO

Subir al Tourmalet siempre tiene un plus especial, aunque la cima esté a 38,4 kilómetros de la meta. Cómo Pogacar decida jugar un poco se puede montar una de buena; mucho más entretenimiento que en la ruta camino de Pau, con todos a rueda, bebiendo para no deshidratarse, hablando con los compañeros y pendientes de no esforzarse más de la cuenta.

Etapas así, evidentemente, no impulsan el ciclismo, pero tampoco se puede tener a los corredores 21 días dándose de tortas a modo de pedaladas. En el Tourmalet, o incluso en los casi 19 kilómetros para subir a Gavarnie (apenas un 3.7% de promedio) habrá que rendir al máximo. Y eso lo saben también Jonas Vingegaard, Remco Evenepoel, Florian Lipowitz y Juan Ayuso, poco más se puede escarbar a la hora de buscar a corredores destacados, aunque ya son bastantes, aunque eludan la caída en Pau, una ciudad siempre con una historia agridulce en su relación particular con el Tour. No hace muchos años ciclistas con crisis de dopaje debían salir de Pau por piernas o escondidos para que no los pillara la gendarmería.

El Caja Rural

Ahora sólo se caen unos pocos, aunque se corten, aunque el accidente deje sin opciones a ciclistas como el colombiano Fernando Gaviria. Tiene 31 años, pero parece un veterano. Ha llegado esta temporada al Caja Rural después de pasar por el Movistar sin cumplir las expectativas. Es una de las opciones del conjunto navarro para ganar una etapa, lo que sería para ellos como triunfar en el Tour.

La papeleta está difícil pero imposible no hay casi nada, pero una victoria está más cara que pasar este jueves el Tourmalet en primera posición del Tour. Calienten sofá y silla que después de un día tedioso vuelve el espectáculo siempre con el noruego Torstein Traeen, al frente de la clasificación. ‘¡Vive le Tourmalet!’

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Fuente: El Periódico

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