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RUGBY

Crónica reposada del 6 Naciones 2026 (4ª jornada): La hormigonera escocesa enterró el champagne

Sorprendentes derrotas de Francia, en Escocia, e Inglaterra, en Italia, donde los transalpinos lograron el primer triunfo de su historia sobre los de la rosa

Los escoceses celebran uno de los ensayos de Graham ante Francia en el Seis Naciones de rugby

Los escoceses celebran uno de los ensayos de Graham ante Francia en el Seis Naciones de rugby / Six Nations

Fermín de la Calle

Fermín de la Calle

Madrid

Cuarta jornada del Seis Naciones que abre inesperadamente el torneo de cara al último día. El destrozo que los caledonios realizaron en Edimburgo a la defensa, francesa, con 50 puntos y siete ensayos, estuvo a punto de quitarle el título a los de Galthie. Sin embargo, el arreón final galo (50-40) les permitió salvar el bonus ofensivo y eso les coloca empatado con los de Townsend en lo alto de la tabla con mejor average. En Roma los italianos lograron una victoria histórica ante Inglaterra (23-18), la primera de su historia, en un partido que confirma que los de Borthwick se han despeñado tras caer en la Calcuta. Irlanda, que venía de arrasar a los de la rosa en Londres, doblegó también a una digna Gales en Dublín el pasado viernes (27-17)

ESCOCIA-FRANCIA

Sospechábamos que Francia no disponía de una delantera capaz de desafiar a los gigantes del sur. Pero lo que no intuíamos es que sería Escocia quien nos terminaría confirmando las sospechas. Townsend hizo los deberes y la delantera caledonia recordó al mundo que al rugby se juega con balón. Los del cardo ni siquiera necesitaron de la mejor versión de Finn Russell, quien le pasó el bastón de mando a Ben White.

El 9 de Toulon enchufó la hormigonera y la delantera escocesa enladrilló a una Francia desquiciada. Escocia dominó la pelota (60% de posesión) y la cuidó bien. Perdió menos balones (8 por 13 de los de Galthie) y cometió menos errores (6 por 10). Y con ella realizó más carreras, ganó más metros, batió casi el doble de defensores (33 por 19), descargó hasta diez offloads por 6 franceses y atacó a los del gallo durante más de 22 minutos por solo diez de ofensiva visitante. Escocia sometió a la delantera francesa arrasándola en los rucks, donde ganó 50 abiertas más que los 'gordos' visitantes, y dominando especialmente el tempo a la hora de levantar la pelota. Los escoceses estuvieron muy acertados en la lectura del juego, dando continuidad precisamente cuando los indisciplinados franceses no armaban los postes en los rucks. Así llegaron los dos ensayos de Graham (uno tras un offload de Kinghorn), dos de Steyn (uno tras error grosero de Dupont) y otro del propio White levantando él mismo un ruck para ensayar.

Los de Townsend negaron la pelota a Francia y sin balón los galos solo pudieron desatar sus estampidas al final, ya sin un Dupont en el campo. Para entonces ya tenían perdido el partido y se limitaron a maquillar el resultado y a rescatar el bonus ofensivo, punto que les hará ganar el torneo si tumban a Inglaterra en la jornada final sumando el punto extra. Durante 40 minutos de juego ni hubo champagne ni existió Francia, que no sumó un punto entre el minuto 25 de la primera parte y el de la segunda.

Escocia se dejó el título en Roma, en una tarde lluviosa y desapacible de la primera jornada donde su desgana les condenó ante el fragor italiano. Ahora están a un paso de ganar la Triple Corona, para lo que deben ganar a Irlanda (que no es poco). Pero si además la ruinosa Inglaterra les hiciera el favor de dar la sorpresa en París, cosa poco probable, incluso podrían ganar el torneo. Algo que no pasa desde 1999. ¿Es tan buena Escocia? Digamos que es lo suficientemente consistente en delantera para someter a los 'gordos' británicos y lo suficientemente afilada atrás para domar a los galgos franceses. Lo que hablan bien de ellos y quizás no tanto de los rivales o del nivel del torneo. Porque tampoco es que a esta Escocia le de para pelear por el Mundial.

Leonardo Marin anota el ensayo que dio el triunfo a Italia ante Inglaterra en rugby por primera vez en la historia

Leonardo Marin anota el ensayo que dio el triunfo a Italia ante Inglaterra en rugby por primera vez en la historia / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press

ITALIA-INGLATERRA

Italia ganó a Inglaterra por primera vez. Honor y gloria. Pero no nos engañemos, la azzurra lleva años evolucionando y este resultado, especialmente tras la hecatombe de los de la rosa en Twickers ante Irlanda, no es ni mucho menos sorprendente. Italia es la némesis rugbística de Inglaterra. Es decir, un equipo de rugby. XV jugadores con un plan de juego, el conocimiento de cuáles son sus virtudes, para explotarlas, y sus defectos, para taparlos. Tienen puntos fuertes (fases estáticas), orden en el breakdown y el mejor mediocampo del torneo (Brex y Menoncello) y trabajan para rentabilizarlo. Y su entrenador no hace experimentos con gaseosa. Cada jugador se desempeña en el sitio donde es mejor y el funcionamiento coral del colectivo permite a todos ofrecer su mejor versión.

Inglaterra es exactamente lo contrario. No sabe a qué juega y lo que es peor, cree que algunos de sus defectos más evidentes son virtudes a explotar. Lo que le lleva a quedar continuamente expuesta por la arrogancia que alimentan quienes jalean a jugadores como Genge, Itoje o Curry. Ante Italia su seleccionador Steve Borthwick, quien da la sensación de decidir las alineaciones echando los dados por los inexplicables y continuos cambios que realiza, apostó por una línea en la que no había ni un solo jugador de nivel de élite internacional: Ben Spencer, Fin Smith, Cadan Murley, Seb Atkinson, Tommy Freeman, Tom Roebuck y Elliot Daly. Varios jugadores muy aplaudidos en la Premier, otros con mucho oficio, alguno con mucha proyección... Pero ninguno ha demostrado con la camiseta de Inglaterra en la escena internacional ser jugador alrededor del cual armar algo.

A eso se suma que no hay plan. Un día la apuesta es tirar patadas altas para que los gigantes Freeman y Steward las ganen en los costados. Al siguiente, el zaguero ni es convocado y al ala lo convierten en centro. Y lo de su pareja de centros es digno de estudio. Inglaterra, con su millón de rugbiers federados, lleva años, por no decir décadas, sin encontrar una pareja de garantías. Dicho esto, tampoco iban a tener pelotas claras porque Borhtwick es de la vieja escuela: "A jugar lejos de nuestros palos y patear alto para que se les caiga". Ahora Ford es el condenado y veremos qué hace en París donde lo único que no se juegan es el torneo, en el que suman ya tres derrotas seguidas.

Italia es lo contrario. Su delantera es fuerte como el vinagre y tan abnegada sin balón como determinada en el avance con él. La clave del juego italiano es el crecimiento de su bisagra. Y ahí el seleccionador, el argentino Gonzalo Quesada, antiguo apertura de privilegiada cabeza, tiene mucho que enseñar a los medios transalpinos. Cuando sean capaz de ser relevantes en el juego, de decidir bien y gobernar los partidos, Italia será un rival feroz. Porque atrás tienen pólvora. Ante Inglaterra los hermanos Garbisi desplegaron perfectamente el plan ideado por Quesada. Los ingleses son duros, pero van por libre y eso al final se termina pagando. Así que el pack italiano los fue desgastando con paciencia gracias a sus células de delanteros esperando que la anarquía inglesa les hiciera diluirse. Además, el banquillo inglés bajó el listón visitante y ahí Italia emergió. Inglaterra ganaba al descanso 10-12 y después Fin Smith pasó dos patadas más, la última en el minuto 53. En ese momento Inglaterra desapareció. Los de la rosa no sumaron un punto en la última media hora, en la que el parcial fue de 13-0. Dos golpes de Paolo Garbisi, y un ensayo tras una patada cruzada del apertura a la que Menoncello sacó brillo convirtiendo en una asistencia para la marca de Marin, que transformó el propio Garbisi. Italia es trabajo, paciencia, preparación y, sobre todo, pasión. Mucha pasión. Inglaterra es arrogancia, caos y mediocridad. Mucha mediocridad.

IRLANDA-GALES

En Dublín el viernes se jugó un partido granítico. Uno de esos partidos donde las defensas acaban saltando por los aires tras el enésimo cabezazo de una delantera kamikaze donde la entrega supera al talento evasivo. Los irlandeses, con la autoestima notablemente mejorada tras arrasar a Inglaterra en Londres, sacaron el catecismo y trabajaron de lo lindo ante una Gales digna que, como se sospechaba por la falta de mimbres, se reconstruirá desde la defensa. Y hace bien porque hasta que descubran jugadores con factor X, como lo llaman en las islas, meter el hombro siempre ha sido la mejor receta para superar las largas convalecencias en el rugby.

Del partido lo más significativo fue que Farrell padre mantuvo en los centros a McCloskey y Ringrose, con Aki y Henshaw esperando un turno que llegará antes que después. Precisamente McCloskey descargó sobre Stockdale en el primer ensayo confirmando que sigue en estado de gracia. En Gales, con Edwards dirigiendo las operaciones por la lesión de Costelow, lo mejor fue la estampida del entrañable Rhys Carré en la 22 local antes del descanso, cargando como un centro con la sonrisa colgada de la boca y un amago de pase que terminó con el pilar zambulléndose en la zona de marca verde. No es un jugador cualquier Rhys Carré, dominador del oficio en la melé y animoso en los espacios. Irlanda picó piedra y Gales salió del campo con la cabeza alta, lo cual probablemente no le valga para evitar una cuchara de madera que se jugará en la última jornada ante la pujante Italia.

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