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Qué fue de...

Álvaro Aguado, el 'chico maravilla' del Córdoba CF: luces y sombras de una carrera varada

Tras una brillante irrupción en El Arcángel logró llegar a la élite con el Valladolid y el Espanyol hasta que su trayectoria se frenó por asuntos extradeportivos

Álvaro Aguado, abrazado por Sergi Guardiola y Araujo tras la salvación el Córdoba CF en la temporada 17-18.

Álvaro Aguado, abrazado por Sergi Guardiola y Araujo tras la salvación el Córdoba CF en la temporada 17-18. / Rafa Alcaide

Francisco Merino

Francisco Merino

Córdoba

Aquella imagen representaba la salida definitiva de una situación de pesadilla y el inicio de una nueva era para el Córdoba CF. Corría como un condenado al que la habían quitado las cadenas, llorando de felicidad y alivio, perseguido por sus compañeros en medio de una oda a la desmesura en El Arcángel. Tenía 21 años y acababa de marcar su primer gol como profesional: era el del 3-0 ante el Sporting de Gijón en la última jornada del campeonato de Liga de Segunda División 17-18. El Córdoba CF le había promocionado desde el filial para ayudar a una salvación que parecía imposible. Lo hicieron, de una u otra forma. Fue un milagro costoso. Y ahí estaba él, Álvaro Aguado Méndez (Jaén, 1996), un chaval en el que todos vislumbraban un pilar para el renacimiento de un club que había esquivado –una vez más, no la última- el hundimiento.

Álvaro Aguado llegó al club cordobesista desde el Real Jaén, un clásico en horas bajísimas. A apenas cien kilómetros de su localidad natal encontró una plataforma para lanzar su carrera como futbolista y alcanzar el profesionalismo. Había probado antes en los juveniles del Levante y el Villarreal, pero no prosperó. Hasta que llegó el Córdoba CF para proponerle entrar en su filial, por entonces en Segunda B. Su impacto fue inmediato. Con despliegue físico, buen pasador, llegada… Sus actuaciones le valieron para entrar en la primera plantilla en un momento nada sencillo. Cambios de entrenador, críticas feroces desde el entorno, una crisis institucional por el traspaso de la propiedad –de Carlos González a Jesús León, un trasvase de acciones cargado de veneno-… Una caldera.

Aguado, en un partido en El Arcángel durante su etapa en el Córdoba CF.

Aguado, en un partido en El Arcángel durante su etapa en el Córdoba CF. / A.J. González

Aguado, esperanza joven para un Córdoba CF en crisis

En medio de ese panorama infernal, Álvaro entró para recibir un curso acelerado de madurez. Debutó con el Córdoba en una tarde espectacular, con un 5-0 al Reus y el nuevo presidente, León, ovacionado en el palco con Luis Oliver a su lado. Qué tiempos.

El centrocampista jiennense se ganó la confianza del último en llegar al banquillo, el técnico-milagro José Ramón Sandoval, y enseñó lo que era capaz de hacer con un estilo que enamoraba. Sin el miedo que atenazaba a muchos de sus compañeros, con la ingenuidad de su juventud, mostró sus cartas y se convirtió en un producto revalorizado. Y tanto. Fue uno de los héroes de la salvación, se afianzó en el equipo en Segunda y con 23 años fue traspasado al Real Valladolid en un pack junto a Sergi Guardiola, aunque se quedó unos meses más como cedido en El Arcángel. Ahí empezó a ver la cara más negra del fútbol. Descendió con los blanquiverdes y en Pucela no contaron con él, cediéndole al Numancia –con el que bajó a Segunda B- y al Fuenlabrada. Pero le aguardaba un episodio de gloria en Zorrilla. Fue uno de los puntales del ascenso a Primera División del Valladolid en la 21-22 –actuó en 41 partidos- y por fin alcanzó la meta de jugar en la élite. Su trayectoria miraba hacia arriba.

Aguado celebra un gol con el Valladolid.

Aguado celebra un gol con el Valladolid. / Lluc Peric

El Espanyol, en Segunda, lo llamó para formar parte de un proyecto de retorno a la máxima categoría en la 23-24. Lo logró. Con peso en el grupo -intervino en 32 encuentros-, Álvaro acabó celebrando el mayor éxito de su vida deportiva al final del curso. La plantilla perica, eufórica, se tomó licencia para la diversión con una noche loca. Aquella fiesta marcaría su futuro.

Una fiesta, una denuncia por agresión sexual y el paro

El 23 del pasado octubre, la titular del Juzgado de Instrucción 13 de Barcelona procesó a Álvaro Aguado por la presunta comisión de un delito de agresión sexual a una trabajadora del club en el baño de la discoteca en la que celebraban el ascenso . El futbolista reconoció haber mantenido relaciones sexuales con penetración -aunque él dice que consentidas- en la fiesta privada.

Aguado, en un partido con el Espanyol ante la Real Sociedad.

Aguado, en un partido con el Espanyol ante la Real Sociedad. / Javier Etxezarreta

La víctima no presentó la denuncia inmediatamente, sino que lo hizo unos ocho meses más tarde. Tras la denuncia, los Mossos d’Esquadra iniciaron una investigación, aunque, a diferencia de lo que ocurre en otros casos similares, el juzgado optó por ser directamente quien citase al jugador. El pasado 30 de junio Aguado dejó de pertenecer al Espanyol, que no le renovó el contrato. Desde entonces se encuentra sin equipo.

A principios del pasado noviembre declaró en la Ciudad de la Justicia de Barcelona de manera presencial. Su intervención fue escueta, ni siquiera llegó a los cinco minutos. Se ratificó en su inocencia y no realizó después ningún tipo de manifestación. Su defensa trata de frenar el juicio. Él mientras tanto, trata de reengancharse a su profesión y relanzar una carrera varada. El Granada mostró interés, pero no cuajó. «Nada me detiene», expresó en uno de sus últimos mensajes en Instagram, donde solo comparte imágenes suyas con su pareja y su hija aparte de sus sesiones de preparación física. A la espera de una llamada.

Aguado en una comparecencia en el Juzgado tras ser acusado de una presunta agresión sexual.

Aguado en una comparecencia en el Juzgado tras ser acusado de una presunta agresión sexual. / Toni Albir

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