Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Qué fue de...

Pawel Kieszek, el polaco que dio alas al Córdoba CF para una salvación milagrosa

El portero fue uno los puntales de la temporada 2017-18, en la que los blanquiverdes alcanzaron una permanencia agónica en Segunda División

Kieszek en una pretemporada del Córdoba CF en Los Ángeles de San Rafael.

Kieszek en una pretemporada del Córdoba CF en Los Ángeles de San Rafael. / CÓRDOBA

Francisco Merino

Francisco Merino

Hay momentos que marcan destinos. Decisiones acertadas, errores ajenos, golpes de suerte, carambolas endiabladas… Un gesto de uno que termina salvando a todos. Al Córdoba CF de la temporada 2017-18 se le había torcido todo desde el principio. Iba en picado. Nada le salía bien. Y la peor sensación es que parecía que lo estaba mereciendo. Así lo entendían muchos dentro de los muros de El Arcángel, donde ya se detectaba un insufrible tufo a olla podrida, y también en un entorno envenenado por intereses y venganzas. El caso es que el curso no era, ni por asomo, cómodo. Y allí, como pieza referencial de aquel equipo en permanente reconstrucción, estaba él. Inamovible en la portería. Encargado de proteger a un Córdoba desnortado.

A Pawel Kieszek (Varsovia, 1984) se le recuerda por su ejemplar compromiso –jugó muchos meses soportando el dolor de una fractura en la mano, que no se operó hasta dejar terminada su misión- y por una acción muy concreta. Pongámonos en situación. Jornada 28. Febrero de 2018. El Córdoba CF ya había despedido a tres entrenadores - Luis Carrión (10 partidos), Juan Merino (7) y Jorge Romero (9)- y su situación era absolutamente desesperada. Lanzó una apuesta con José Ramón Sandoval, técnico de reconocida solvencia en estados de crisis, y encaraba dos citas en El Arcángel para buscar un revulsivo: Granada y Valladolid. En el estreno del madrileño en la banda hubo pifia: 1-2. La confrontación ante el Pucela adquiría un carácter vital. Los cordobesistas dominaban la posesión y poco más. Al filo del descanso encajaron el 0-1 y en el intermedio la hinchada local rumiaba el fracaso. Nadie veía luz… hasta que sucedió.

Kieszek, en un partido del Córdoba CF ante el Alcorcón en Segunda División.

Kieszek, en un partido del Córdoba CF ante el Alcorcón en Segunda División. / Kiko Huesca

La parada del milagro, la acción inolvidable de Kieszek

A falta de media hora, el árbitro señaló penalti contra los locales tras una caída en el área del griego Giannotas, que había sido pretendido por el Córdoba. El escenario estaba montado para la tragedia. Y ahí surgió la figura del héroe. Pawel Kieszek detuvo el lanzamiento y envió la pelota al lateral Fernández, que corrió por la banda como un poseso hasta que Luismi le cazó con una entrada salvaje que hizo salir al cordobés en camilla. El blanquivioleta vio la tarjeta roja y se formó una tangana en la banda que tuvo el duelo interrumpido durante cinco minutos. Aquello fue una catarsis. El Córdoba aprovechó la superioridad numérica para remontar en el tiempo restante. A falta de veinte minutos salió al campo el añorado José Antonio Reyes para dar a aquella tarde un aura delirante. Jovanovic hizo el empate y Sergi Guardiola redondeó el 2-1.

En medio de la explosión de euforia, todos se fueron a abrazar a Pawel, el portero que prendió la mecha del milagro con su parada en el penalti que pudo ser el último clavo en el ataúd blanquiverde. El Córdoba había perdido seis de sus siete partidos antes de recibir al Valladolid. Sandoval encontró un material de primer orden para armar su discurso motivacional y la afición, creyente en lo paranormal por experiencia propia, se apiñó para participar en un enloquecido final de Liga. El equipo solo cayó una vez en las ocho jornadas siguientes, ganándose el crédito como aspirante a una permanencia que terminó de solventar en la última jornada, con un Arcángel repleto y vuelta de honor de todo el personal: desde los jugadores hasta los rectores, con Luis Oliver y Jesús León aupados cómo ídolos en una etapa de cándida felicidad. Y allí, con una discreta sonrisa, alejado del bullicio de las celebraciones, estaba Kieszek. Nadie allí sabía, ni siquiera él mismo, que no iba a jugar un solo minuto más con el Córdoba.

Kieszek, abrazado por Jesús León, entre el jolgorio por la salvación en la 17-18.

Kieszek, abrazado por Jesús León, entre el jolgorio por la salvación en la 17-18. / SANCHEZ MORENO

Pawel, su marcha al Málaga y su vida de trotamundos

En el verano siguiente, el Córdoba CF entró en una espiral de despropósitos que aceleraron su ruina. El bloqueo de los derechos federativos por el límite salarial le impidió inscribir a jugadores referenciales, entre ellos Kieszek. El polaco, que había encontrado en Córdoba un lugar estable, fue una de las víctimas de la caótica gestión de León, que iba a desembocar en la intervención judicial del club y su caída a los infiernos. El Málaga, atento, se llevó al guardameta para la temporada en Segunda División. No le salieron las cosas en la Costa del Sol. Suplente de Munir, apenas intervino en media docena de partidos oficiales. Ya no volvió a España.

Kieszek en su presentación con el Málaga.

Kieszek en su presentación con el Málaga. / CÓRDOBA

Retornó al Portugal, donde tenía un buen cartel tras su pasado por el Braga, el Porto, el Estoril y el Vitoria de Setúbal, para enrolarse en el Río Ave, donde recuperó su mejor nivel. Después de los años de la pandemia del covid-19, el polaco engrosó su expediente profesional entre el campeonato luso –Leiria- y el de su país –Wisla de Cracovia- antes de poner lo que parecía un punto final. Pero aún sigue. El pasado verano fichó, a sus 41 años, por el Pogon Grodzisk Mazowiecki, de la segunda categoría de Polonia, la Betclic Liga. Allí es titular, como lo fue en un Córdoba CF que es el club en el que más encuentros (80) disputó en su vida.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents