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Qué fue de...

Del doblete y la renovación hasta 2026 al adiós en meses: la historia de Germán Crespo en el Córdoba CF

El granadino puso el rostro en el banquillo en una etapa de dominio insultante en una categoría deprimente

Germán Crespo posa en el estadio El Arcángel.

Germán Crespo posa en el estadio El Arcángel. / Chencho Martínez

Francisco Merino

Francisco Merino

Córdoba

Es, con los números en la mano, el entrenador del Córdoba CF más dominante de todos los tiempos. El equipo fue con él campeón de Liga, ganó todos los partidos en El Arcángel, conquistó dos títulos… Una campaña idílica que, paradójicamente, nadie quiere repetir. Germán Crespo Sánchez (Granada, 1975) sostuvo el timón desde el banquillo en el campeonato 21-22, el posterior a la pandemia del covid, aquel curso en el que la entidad blanquiverde se vio forzada a salir a flote después de tocar el fondo. La celebración, a todas luces excesiva, de los resultados obtenidos en un contexto de mediocridad extrema fue un modo de exorcizar los complejos y la frustración. Salieron campeones de la Segunda RFEF –cuarta división del país- y de la Copa Federación, un torneo menor con conjuntos de las afueras del fútbol profesional. Aquel equipo fue el rey en los suburbios. “Nunca debimos estar jugando aquí”, expresó en su día, en un alarde de realismo, un Javi Flores que protagonizó una imagen icónica recibiendo como capitán el trofeo copero en El Arcángel de manos de Luis Rubiales tras doblegar al Guijuelo. Qué tiempos los de Germán.

El año del 17/17 y el doblete

La historia de Germán Crespo en el Córdoba CF fue la de un héroe improbable. Llegó desde el Lincoln Red Imps de Gibraltar, donde había logrado el milagro de una clasificación europea, para dirigir al filial blanquiverde. Apenas levantó ruido. Caminaba con discreción, como quien entra en una casa ajena procurando no mover nada. Pero el Córdoba de aquella temporada 2020-21, entre la pandemia, las gradas mudas y el desconcierto institucional, necesitaba algo más que silencio: necesitaba un salvavidas.

Germán Crespo, en la ciudad deportiva durante un entrenamiento con el Córdoba CF.

Germán Crespo, en la ciudad deportiva durante un entrenamiento con el Córdoba CF. / Oscar Barrionuevo

Tras las decepciones de Juan Sabas y Pablo Alfaro, y con un proyecto de Infinity que naufragaba económicamente y en el césped, la dirección decidió entregarle el mando a Crespo. Parecía un parche, un gesto desesperado hacia un técnico sin experiencia en el fútbol profesional español. Sin embargo, aquel movimiento lo cambiaría todo. Debutó el 25 de abril de 2021 ante el Tamaraceite. Tenía tres jornadas para evitar un descenso que ya estaba escrito. No pudo torcer el destino, aunque ganó sus dos últimos partidos. Su nombre, pese al fracaso colectivo, empezó a sonar distinto.

El año siguiente fue su gran obra. Con una plantilla remozada a golpe de billetes y de un nivel superior a la categoría, Crespo convirtió al Córdoba en un vendaval. El Arcángel, antes apagado, encendió todas sus luces: diecisiete victorias en diecisiete partidos de Liga, un dominio apabullante y un fútbol que devolvía sonrisas. En Mérida certificaron el ascenso a Primera Federación y la ilusión regresó al club como si nunca se hubiera marchado. Fueron meses de euforia: doblete de Liga y Copa Federación, renovación hasta 2026 y un equipo que parecía haberse enamorado de sí mismo. Ese amor desmedido acabó matándolo.

Los jugadores mantean a Crespo tras el ascenso en Mérida a Primera Federación.

Los jugadores mantean a Crespo tras el ascenso en Mérida a Primera Federación. / MAH

Las historias felices también mutan. La segunda temporada, que empezó con brillo, se quebró en invierno. El vestuario se agitó con salidas inesperadas y llegadas que no encajaron. La armonía se disolvió, las victorias se escaparon y el Córdoba, que había sido líder, cayó por la pendiente: una sola victoria en toda la segunda vuelta, las gradas vaciándose y la Copa del Rey esfumándose por primera vez en décadas. La renovación por cuatro años se quedó en unos meses, pero el granadino y su equipo cobraron todo. Las cuentas se desviaron (aún más). La propiedad perdió la paciencia. Crespo fue destituido antes del golpe final. Después caería también el CEO Javier González Calvo y llegarían nuevos nombres para tratar de recomponer el proyecto.

Meses más tarde, el técnico resumiría su adiós con una frase que dolió a muchos y dio alivio a otros: “No pudimos reforzar al equipo y a la propiedad le entraron los nervios. A la larga se vio que yo no era el problema, sino que la plantilla tenía sus limitaciones”. Había sido el arquitecto de un sueño fugaz y el testigo de su derrumbe. Su paso por Córdoba quedó como una mezcla extraña de magia y desencanto, una historia que aún hoy fluctúa entre la nostalgia y la herida.

Granada B y UCAM: su banquillo hoy

Con la economía cubierta gracias al cobro de las cantidades pactadas con el Córdoba CF, el granadino esperó ofertas. Se habló del UCAM Murcia, de equipos del extranjero... Hasta le llamó el Granada, el club de su corazón, para que sacara a flote al filial. No lo consiguió. El descenso a Segunda RFEF se consumó matemáticamente, pese a que el aspecto del equipo fue algo mejor. Su etapa en Los Cármenes se cerró de modo abrupto. "El Granada lo tiene todo para poder trabajar, pero hay personas dentro del club que dejan mucho que desear", confesó de modo enigmático.

Germán Crespo, ex técnico del Córdoba CF, anima a Diarra tras la derrota en el Nuevo Los Cármenes.

Germán Crespo, ex técnico del Córdoba CF, anima a Diarra tras la derrota en el Nuevo Los Cármenes. / Francisco fernández

El UCAM Murcia volvió a llamarlo en la Liga 24-25, con el campeonato ya muy avanzado. Germán reactivó al equipo y lo metió en las eliminatorias de ascenso, pero la historia no tuvo el final deseado. El club universitario le renovó la confianza y extendió su contrato a la actual temporada con la idea de que pudiera terminar su trabajo en el grupo 4 de la Segunda Federación. Y en esas está el granadino. Con el UCAM en zona noble en la clasificación, con la presión de las expectativas sobre su cabeza, buscando el modo de que su fórmula funcione. Como en aquel Córdoba poderoso que se llevó por delante todo y a todos.

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