LA CONTRACRÓNICA
El Barça que pinta Pedri y ejecuta Raphinha es otro
Simeone buscó anular a Lamine Yamal con un lateral especial, pero los partidos se juegan al dictado de lo que decide Pedri

Pedri González brilla ante el Atlético de Madrid. / EP
David Hancko es defensa central. Eslovaco de nacimiento, el Atlético le fichó el pasado verano del Feyenoord. Le costó 26 millones y fue el segundo más caro del derrochador mercado del club madrileño, que gastó 176 millones para que Diego Simeone intente alguna vez ser algo más que tercero.
Hancko debutó con 16 años en la primera eslovaca y es internacional. Por envergadura (1,90 y 80 kilos) y por formación, siempre juega de central. Excepto en ocasiones especiales. Por ejemplo, que juegue Lamine Yamal. Lo hizo ante el Betis (por Antony), el Arsenal (Buyako Saka) y el Madrid (Arda Güler). Lamine Yamal desafió su elasticidad, pero no le volvió loco. Hancko (27 años, nueve menos) apeló al oficio sin dejarse engañar por los golpes de cintura del extremo azulgrana.

Lamine Yamal intenta zafarse de Hancko. / Jordi Cotrina
Tan singular como Lamine Yamal es Pedri González. Los golpes de cintura de Pedri engañan tanto o más. El mago de Tegueste se cimbrea con una naturalidad que le permite escabullirse con el balón en la dirección contraria por la que se acaba marchando el rival, despistado y burlado por ese muchacho de pinta angelical sin aparato propagandístico ni estridencias. El discreto encanto del producto valioso que no es ni necesita ser publicitado.

Eric recupera un balón ante Julián Álvarez. / JORDI COTRINA / EPC
Simeone no hizo especial por la presencia de Pedri. Cardoso y Barrios eran los dos mediocentros del Atlético, luego apareció Koke, después Gallagher. Y Pedri siguió a su aire, indiferente al rival, incluso al equipo que está enfrente. Pedri atiende a la pelota y la mima y la cuida. Pedri reconcilia al aficionado con el fútbol porque no protesta, no pega patadas, no finge, no pierde tiempo. Es el niño del patio del colegio, sano, cándido, casi incauto, que no se enfada hasta que suena el timbre del final del recreo.

Barcelona-Atlético de Madrid, en imágenes. / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press
Pedri reconcilia al aficionado con el fútbol porque no protesta, no pega patadas, no finge, no pierde tiempo.

Olmo cae dentro del área derribado por Barrios, en el penalti que falló Lewandowski. / JORDI COTRINA / EPC
El dibujo y el color
Con Pedri, el Barça cambia. Es otro. Más bello y más elegante. Con Pedri y Raphinha, el Barça es superlativo. No imbatible, como se ha comprobado ocasionalmente, pero está mucho más cerca de serlo.
Pedri dibuja y Raphinha colorea. La alianza de los dos transforma al equipo y el Barça convierte derrotas en victorias. Volvieron a coincidir después de un mes y su conexión vertical derivó en el gol del empate. Se marcharon los dos juntos y dejaron el 2-1 en el marcador, poco después de que el reloj hubiera traspasado los 60 minutos que debía jugar el canario. Se echó al suelo, como hacen los lesionados, y el Camp Nou enmudeció. Nada bueno iba a pasar a partir de entonces.
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