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Qué fue de...

Alberto García, su historia en el Córdoba CF y el valor de vivir para contarlo

El guardameta catalán rozó el ascenso a Primera con los blanquiverdes para luego lograr tres saltos a la élite y coronar una carrera peculiar

Alberto García posa en un despacho con los guantes de portero en una entrevista en 2020.

Alberto García posa en un despacho con los guantes de portero en una entrevista en 2020. / Mariscal

Francisco Merino

Francisco Merino

A Alberto García Cabrera (Barcelona, 1985) le cambió la vida en el Córdoba CF. Su cuatrienio en El Arcángel convenció a todos –a los que mueven el negocio del fútbol en las ligas mayores y a él mismo- de que reunía las cualidades para sostener el nivel en una competición de élite y en una posición tan crucial como la de portero. En el puesto laboral con menos rotaciones en el gremio futbolero, Alberto consiguió armar una trayectoria singular en la que no faltó casi de nada. Debutó como profesional con un partido lúgubre, descendiendo de Primera con el Real Murcia, y cerró su etapa con un encuentro brillante en el que celebró –desde el banquillo- el ascenso del Rayo Vallecano. En medio de esos dos puntos, casi tres lustros con etapas largas en plazas tan históricas como los dos clubes citados o el Córdoba CF, con un año de estancia –espléndido- en Getafe para subir a Primera como titularísimo y figura venerada por la grada del por entonces Coliseum Alfonso Pérez, un recinto al que le cambiaron después el nombre por esas cosas de la corrección política.

¿Qué hizo Alberto en el Córdoba CF?

Fue el último en subirse al barco del Córdoba CF en el mercado de verano del 2009 y, ciertamente, su llegada no provocó ningún tipo de fanfarria. Lucas Alcaraz pidió un portero más para completar la plantilla del primer equipo casi con la Liga encima y, ante el gesto de estupor de la dirigencia –el carismático José Miguel Salinas, hijo del presidente que subió al club a Primera en los 60 del siglo pasado, ocupaba el lugar de honor en el palco-, el entrenador granadino expuso que no habría ningún tipo de problema. Conocía a uno que no le iba a rechazar. Ya lo tuvo a sus órdenes. «Es Alberto, del Murcia», dijo. ¿Y quién era ese Alberto? Un chico con pasado en la cantera del Barça, que debutó en Primera siendo el tercer portero del Real Murcia en una última jornada en la que todo estaba lamentablemente decidido. Y fue, precisamente, contra el FC Barcelona. Cayeron por 3-5 en una tarde con goles de Thierry Henry, Eto’o y triplete de Giovanni Dos Santos. Al año siguiente, en Segunda, intervino en seis encuentros.

Alberto García, portero del Córdoba CF.

Alberto García, portero del Córdoba CF. / JUAN MANUEL VACAS

Alberto necesitaba un aire nuevo. Y el Córdoba se lo dio. En el primer año estuvo a la sombra del veterano Raúl Navas. Media docena de partidos y a seguir. En el siguiente, el meta gaditano se vio envuelto en un turbio asunto de partidos disputados «con desgana» y los compañeros apoyaron la puesta en escena de Alberto, que no desaprovechó la oportunidad. El meritorio se ganó el respeto y terminó siendo uno de los jefes.

Con Paco Jémez se convirtió en un baluarte para jugar el play off de ascenso a Primera en el mejor Córdoba en cuatro décadas. En su cuarto ejercicio en el club vivió un buen año personal pero le frustró el descabellado final con Esnáider al frente. Tuvo ofertas para un nuevo destino y se marchó dejando una estela de respeto en El Arcángel.

Y después...

Tras salir del Córdoba se enroló en el Sporting de Gijón, donde no tuvo un rol protagonista en el campo. No pasó de la decena de partidos en cada una de las tres temporadas en El Molinón, aunque vivió el ascenso a Primera en 2016. Tenía ya 30 años. Y el destino le tenía reservado un tramo final tremendo. Lo fichó el Getafe, en Segunda, y dio el salto a la máxima categoría siendo titular. El Rayo se encomendó a su valía y a su racha para colocarle como titular y regresar de nuevo a Primera el campeonato siguiente. En Vallecas experimentó su etapa más prolongada en Primera -17 partidos- y también un declive acelerado por las lesiones. Aguantó, sin apenas competir, hasta los 35. Llegó la hora del adiós.

«He vivido ascensos teniendo la posibilidad de disputar muchos minutos, otros formando parte del proceso, y también de vivirlo sin jugar un partido prácticamente, por lesión. Todos, han contribuido a ayudarme en mi carrera deportiva y profesional», relataba el catalán en una entrevista en el digital Relevo.

Cuando languidecía su etapa como jugador ya veía su porvenir en el mundo de los medios de comunicación. «Esta es la profesión que más se acerca a jugar o entrenar», reconocía ya como comentarista de partidos en Movistar + y ahora en LaLiga. Ante el micrófono trata de «convertir esta responsabilidad y confianza en horas de preparación, para intentar hacerlo lo mejor posible. No se trata de jugar a qué va a pasar, no intento hacer de entrenador, sino a qué está pasando», apunta. Ha vivido para contarlo.

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