Perfil | Rocío Gálvez, el corazón indomable de una campeona cordobesa
La defensa del Real Madrid ha hecho historia con España en la conquista del Mundial de Australia y Nueva Zelanda
Protagonista de una trayectoria singular de esfuerzo y obstáculos, ha puesto el primer sello cordobés en un campeonato del mundo

Rocío celebra el título junto a Esther González

"Tenemos un equipazo y sabemos que podemos hacerlo". Rocío Gálvez Luna (Córdoba, 1997) hablaba sobre las opciones de España antes del Mundial sin dejarse llevar por la euforia ni caer en la prepotencia. Entiende el valor de las cosas y sabe el precio de los peajes en el camino. Ella ya había pasado lo suyo: una grave lesión de rodilla en marzo con el Real Madrid, un ingreso en la selección en plena crisis interna -la "rebelión de las 15"-, una carga de presión extra por estar en el foco de una batalla mediática con el entrenador, Vilda, en la diana... No era fácil, pero Rocío ha sabido digerirlo todo. Su carrera como futbolista le ha servido, a los 26 años, para terminar de modelar un carácter firme, con brotes de testarudez que han sido para ella una munición perfecta para combatir malos momentos. Ya es campeona del mundo. Podrá contar que estuvo en el Accor Stadium de Sidney, donde se escribió una gesta majestuosa.
Una niña ante la tele
A los once años se le metió en la cabeza, de un modo serio, lo de ser futbolista. "Lo veía en la televisión y me decía que ojalá estuviera yo ahí. Ahora de repente, soy una de ellas", contaba Rocío, quien respiraba fútbol en su familia. Su primo, Rafa Gálvez, ahora en el Intercity de Primera Federación, pasó por el Córdoba, el Elche o el Albacete. Unos cuantos cristales rotos quedaron como testimonio de sus primeros balonazos infantiles. Luego empezó a jugar, con chicos, en el histórico Deportivo Córdoba que presidió durante más de cinco décadas el legendario Rafael Jaén. "Estaba en nuestro equipo infantil de la Andaluza y jugaba de lateral derecho. Tenía una garra y pundonor impresionantes", recuerda el veterano dirigente.

Rocío, con un equipo alevín del Deportivo Córdoba en 2009. / CÓRDOBA
Después, todo fue a velocidad de crucero. La vieron jugar en Sevilla y la reclutaron de inmediato. Pasó por la cantera del club de Nervión y al poco cambio de acera: en el Real Betis creció hasta convertirse en una de las futbolistas top de un emergente campeonato femenino. Luego dio el salto al Atlético de Madrid, con el que logró la conquista de la Liga y la Copa y fue la primera jugadora cordobesa en disputar la Champions League. Tuvo una dura lesión. La superó.
Recaló después en el Levante, una de las potencias de un campeonato que dio un vuelco radical cuando irrumpieron los dos colosos del país. Primero fue el Barça, campeón de todo. Y después fue el Real Madrid. "Lo veo como algo positivo para el fútbol femenino. Es un club grande que apuesta tanto por el masculino como por el femenino y es un avance. A todos los pones atentos de esta manera y esa lucha contra ellas vendrá muy bien incluso en el apartado económico", explicaba sobre la creación del equpo blanco la cordobesa en una entrevista con Diario Córdoba cuando aún militaba en el Levante. El Real Madrid acabó fichándola y ahí sigue, a las órdenes de otro cordobés de Peñarroya, el exfutbolista Alberto Toril, y con un año más de contrato.

Un toque de balón con el Real Madrid /
Su pasión por el fútbol va más allá de filias y fobias, de etiquetas y prejuicios. Jugó en el Sevilla y después en el Betis, convirtiéndose en heroína del primer derbi femenino hispalense de la historia en Primera División: con un cabezazo suyo ganaron por 1-0 las béticas. En la capital hizo el trasvase del Atlético de Madrid al Real Madrid, previo paso por el Levante. No hay futbolista en España que pueda contar que ha defendido estas cuatro camisetas como profesional.

Gol de la victoria del Betis en el primer derbi femenino de la historia, en 2018. / RBB
Y el Mundial
Este verano en las Antípodas significa una anotación de oro en su trayectoria. Allí ha podido ser partícipe de una historia compleja y emocionante que ha llevado a España a participar en su tercer Mundial en féminas. Entrar en la convocatoria final de Vilda la colmó emocionalmente. "Lo primero que hice fue llamar a mi madre, sobre todo porque es un hecho único y había que compartirlo con ella. Es la primera vez que voy a un Mundial absoluto", relataba. En pocos meses su vida futbolística daba un vuelco. En la pasada primavera su panorama era de lo más turbio. "Lo que menos espera un deportista es lesionarse, además justo en el tramo final de la temporada. Fue una lesión grave, ya que se me rompió el tendón semitendinoso. Estuve a punto de ser operada, aunque finalmente logré recuperarme", explicaba Rocío.
Lo que para algunos se puede etiquetar como milagrosa recuperación, para otros encuentra explicación en el carácter indomable de la cordobesa. "Durante un mes y medio me estuve recuperando de una lesión que en un principio era de tres meses. Tenía clarísimo que quería llegar al final de la temporada con el Real Madrid a la fase final de la Copa de la Reina, porque era un torneo especial, y con la selección al Mundial. Soy muy cabezona y cuando me propongo algo lo consigo". Lo logró.
Historia en Australia
En los anteriores Mundiales, España no logró pasar ni una sola eliminatoria directa. Esta vez fue distinto. Y la cordobesa puso su sello en el camino y en la fase final. Intervino en el partido con el que España cerró ante Ucrania (5-0) su brillante clasificación para el Mundial con un impecable expediente de ocho victorias con 53 goles a favor y ninguno en contra.

Rocío Gálvez, la tercera por la izquierda de pie, en el once inicial de España contra Japón. / RFEF
En Australia, después de ver desde el banquillo los triunfos ante Costa Rica (3-0) y Zambia (5-0), le tocó lidiar con una situación de lo más singular: el partido ante Japón supuso la cima de su carrera y un momento particularmente amargo. Se estrenó en la derrota ante el combinado nipón por 4-0, con Rocío jugando todo el partido en el eje de la defensa. Esa mancha no empañó la trayectoria posterior -goleada por 1-5 a Suiza- y el equipo de Vilda siguió despachando adversarios -Países Bajos y Suecia- hasta plantarse en la final frente a Inglaterra.
Una pionera cordobesa
La zaguera rompió una barrera histórica al ser la primera cordobesa convocada por la selección española absoluta de fútbol. Fue en la Copa de Chipre, un torneo amistoso que ganó la selección tras derrotar por sendos 2-0 a la República Checa en semifinales y a Italia en la final. Rocío levantó entonces, en 2018, su primer título internacional con España. En las divisiones formativas, Rocío fue habitual en la selección sub-17 y sub-19, logrando subcampeonatos europeos en ambas categorías y un subcampeonato en el Mundial sub-17 en Costa Rica.
Fue también la primera que lució la camiseta nacional en El Arcángel. Lo hizo contra Suecia en octubre del año pasado. Desde entonces, su presencia en las citaciones de la selección ha sido permanente. Los 90 minutos de la central del Real Madrid ante Japón fueron los primeros de un futbolista nacido en la provincia, hombre o mujer, en la historia de los Mundiales.

Rocío Gálvez, con la selección española en Córdoba. / A.J. GONZÁLEZ
"Lo que más quiero en estos momentos es conseguir esa copa y llevar esa medalla a mi ciudad", dijo antes de emprender el viaje de su vida. Rocío Gálvez representa el abanderado de una generación de futbolistas cordobesas que va abriéndose paso con fuerza. A su estela están jugadoras como la ex cordobesista Lucía Moral 'Wifi', internacional en categorías inferiores -campeona de Europa sub-19- y ya con un peso creciente pese a su juventud en la delantera del Atlético de Madrid, o Alba Cerrato, internacional con la sub-17 que cuenta ya para la primera plantilla del Sevilla FC en la máxima categoría para el próximo curso. Rocío es el faro de guía de todas ellas.
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