Arrancó el duelo de El Arcángel como un encuentro en el que pasaban pocas cosas. La primera media hora fue un poco de tanteo, de medirse entre los dos contendientes, Córdoba CF y Recreativo Granada. El primero, buscando el juego combinativo, el segundo, con una presión adelantada que acogotaba la salida de balón de los blanquiverdes. Pero, a raíz del gol de Bravo, apenas traspasada esa primera media hora de juego, la necesidad imperiosa de puntuar fue tan evidente que la tensión, in crescendo, quedó reflejada en multitud de detalles durante el tramo final de la segunda parte.

Lo advirtieron todos los protagonistas en la semana previa. Lo dijo el consejero delegado, Javier González Calvo. Lo repitió el director deportivo, Juanito. Ambos, en las presentaciones de Moussa Sidibé, Nahuel Arroyo y Alberto Ródenas, le dieron ese matiz de «final» a cada uno de los seis encuentros que quedaban por disputarse en la primera fase. El primero de ellos fue este domingo, ante el Recreativo Granada, y la tensión que flotaba en el ambiente, aún en el subtexto, fue aflorando durante la segunda parte.

Una tensión al principio controlada, pero que tuvo su primer reflejo en la expulsión del nazarí Aranda, en el minuto 58. Entonces, de forma ostensible, los integrantes del banquillo del filial rojiblanco protestaron la decisión. Llegó a escucharse un «inventada, la primera inventada», desde esa zona del estadio. Aranda vio la segunda amarilla, bastante clara, por agarrar a Alberto del Moral muy cerca de la frontal del área, pero los nazaríes se quejaban de la primera cartulina, vista en la primera parte en una jugada más dudosa. En todo caso, el Recreativo Granada se jugaba también mucho, muchísimo, en El Arcángel. Evitar una promoción por no descender a Tercera, que no es moco de pavo. Y quedarse con un hombre menos no era, precisamente, la mejor de las recetas para aguantar el 0-1 momentáneo hasta el final del encuentro. El colegiado, Holgueras Castellanos, tuvo que amonestar con amarilla al entrenador visitante, David Tenorio. Y también expulsó a su ayudante, Rafael Avilés.

Fue el detonante de un tercio final del partido vibrante, apasionante, con choques constantes entre jugadores de ambos equipos y multitud de peticiones al árbitro y a sus asistentes. Farrando pedía al colegiado manos del lateral que le sujetaba, Alberto, mientras que el joven defensor del Recreativo Granada se quejaba de una solicitud que entendía fuera de lugar.

Nuha Marong, en los diez minutos finales, agotaba la paciencia del Córdoba CF en una acción en la que se lamentó en el suelo durante unos segundos de oro para su equipo mientras los blanquiverdes iban con todo a por el empate. Cosas del fútbol, completamente normales, que se ven en cada encuentro, pero que adquirieron este domingo un matiz nuevo, el matiz de desarrollarse en un partido en el que todo estaba en juego.

El arquero visitante, Joao, animaba a sus compañeros, les decía que estaban «haciéndolo bien» y que, a pesar de jugar con inferioridad, resistían de lo lindo ante los blanquiverdes. En el banquillo visitante, una vez pasado el sofocón de la expulsión, el apoyo a los suyos también era máximo. Igualmente se palpaba esa intensidad en el banquillo local. Pablo Alfaro no paraba de recolocar a sus pupilos, de dar nuevas indicaciones, de mover el banquillo -agotó los cinco cambios con más de 10 minutos por delante- y de recorrer, de punta a punta, el área técnica.

La celebración de Miguel de las Cuevas con sus compañeros solo tuvo un punto de comparación, en felicidad, rabia y determinación, con la carrera que todos se dieron al punto central. Faltaba aún el descuento y la machada era posible. No lo fue, en todo caso. Tras el empate a uno, los nazaríes, un poco más satisfechos al haber igualado en El Arcángel con un hombre menos, se marchaban por vestuarios mientras los blanquiverdes lo hacían también pero con un punto más de amargura.

Un pelotazo final, cumplido el tiempo, a la portería del fondo sur, evidenció que esa tensión creciente alcanzó su punto máximo en un final de partido con un resultado que no satisface ni al equipo blanquiverde ni a su sufrida afición. Una hinchada que vivió, a su manera y desde casa, lejos de los suyos, una evidente decepción.