Los niños (y no tan niños) de toda España se acostaron este martes con la máxima ilusión, nerviosos, deseosos de que amaneciera para ver los regalos que los Reyes Magos les ofrecieron. Pero los niños, y los adultos también, de Córdoba, se fueron a la cama con un regalo ya abierto, con el que disfrutaron durante toda la tarde-noche, que pudieron saborear, paladear, compartir con sus amigos y disfrutar durante horas.

[Así hemos vivido la victoria copera del Córdoba CF ante el Getafe en directo]

El Córdoba CF, su Córdoba CF, había eliminado a todo un Getafe de Primera División haciendo sonreír como hacía mucho que no ocurría a la afición blanquiverde. El partido de la Copa del Rey fue, por fin, un partido de élite, como bien apuntó Pablo Alfaro en sala de prensa. Acostumbrados al lodazal de la Segunda B, los 2.500 cordobesistas que pudieron acceder a El Arcángel fueron recordando, conforme avanzaban los minutos, lo que supone enfrentarse a un rival así. La grandeza del fútbol y del torneo del KO, que no respeta a nadie, que no distingue de categorías, que iguala en el césped, en 90 minutos, a un club que el pasado año disfrutaba de la Liga Europa y a otro que confirmaba su segunda campaña consecutiva en el fútbol no profesional.

Bendito regalo. Los abonados que tuvieron la fortuna de superar el tortuoso camino de sorteos elaborado por el club se sintieron, de nuevo, en su casa. "Por fin podemos ver un partido del Córdoba CF", rezaba, con sabia ironía, la pancarta de un pequeño que, junto a un familiar y con una mascarilla blanquiverde que no podía ocultar su alegría, tuvo el honor de ver en directo un partido histórico para Córdoba y para el equipo de la ciudad.

La primera parte enardeció a los blanquiverdes. El Córdoba CF no solo ganaba a un equipo dos categorías superior, sino que se mostraba sólido, fiable atrás. Y efectivo, con mordiente arriba. Cánticos, palmas, banderas al viento. El gol de Willy fue celebrado con el sonido que acostumbra El Arcángel pero con la imagen que genera el fútbol en tiempos del coronavirus. Con un grito unánime de más de dos mil gargantas y con varios aficionados dudosos, con un pie ya levantado para abrazar al compañero de grada y, con el otro, bien agarrado al suelo, sosteniendo el cuerpo y recordando que la distancia de seguridad es un factor clave para seguir celebrando goles en familia durante toda la temporada.

En la segunda parte, los 2.500 solo fueron uno. Todos, como una piña, formaron un simbólico escudo alrededor de sus jugadores. Vibraron con ellos, defendieron con ellos, les mantuvieron en pie, les dieron aliento y oxígeno. Nunca aquello del jugador número 12 tuvo tanto sentido como este martes ante el Getafe.

Al final del encuentro, la megafonía repetía, para los más despistados, que la salida debía ser escalonada. "De aquí no nos movemos", coreaba el Fondo Sur. No había prisa. Los atascos con victorias son menos atascos. Y uno incluso los saborea. Son uno de los síntomas de que el fútbol de élite, el fútbol con miles de aficionados, había regresado El Arcángel. Y, en realidad, a casi nadie le importaba llegar media hora más tarde a casa. Jugadores y cuerpo técnico se abrazaron en el centro del campo, agradecieron el apoyo de su hinchada y esta, bien quieta, esperó a ese momento para despedir del todo una noche mágica en el coliseo ribereño.