«He jugado en el alambre y cuando uno juega en el alambre lo normal al final es caerse», fue la valoración que hizo Rafael Nadal de su juego en la final. Sabía que el partido se le había escapado por poco, por pequeños detalles, pero decisivos. Especialmente decepcionado estaba por cómo había servido en el quinto set, cuando dejó escapar esa ventaja de 3-1, especialmente con su saque que, presionado por Federer, lo cedió dos veces en esa manga final.

Se acordaba de una bola que pudo cambiar la historia. «He fallado una derecha, he dudado si tirarla paralela o cruzada, la he tirado cruzada, ha tocado la cinta y ha salido fuera», destacaba de la jugada en la que tuvo el 4-2. Falló y Federer, que llevaba tiempo buscando el break point, había desperdiciado cuatro en el inicio del quinto set.

Admitió Nadal que al final se notaba «sin chispa, sin tanta fuerza en las piernas» y eso, ante un «talento capaz de hacer lo que hace, todo es más complicado». Las cinco horas que tuvo que jugar para llegar a la final antes de superar a Dimitrov le pasaron factura. Federer, que también tuvo dos partidos a cinco sets ante Nishikori y Wawrinka, había estado menos tiempo en pista y había tenido un día más de descanso que el mallorquín.

A pesar de la derrota, Nadal se marcha de Melbourne satisfecho. Desde el 2014, en Roland Garros, no llegaba a una final de Grand Slam. «He competido. He jugado para ganar. Y en tenis solo gana uno y hoy ha sido Federer». Nadal siente que ha recuperado el nivel perdido y está convencido de que volverá a ganar títulos importantes.