Córdoba CF: Alberto García; Seoane, Armando, Alberto Aguilar, Fuentes; Fede (Cristian, min. 73), López Garai, Caballero, López Silva; Rennella (Abel, min. 77) y Xisco (Joselu, min. 80).

Sabadell: Nauzet; Toni Lao, Pablo Ruiz, Abraham Paz, Samu; Lanzarote (Collantes, min. 63), Hidalgo, Llorente, Eneko (Arteaga, min. 77); Gato (Juvenal, min 82); Uli Dávila.

Goles: 1-0, min. 44: Fuentes. 2-0, min. 72: Fede; 3-0, min. 76: Xisco.

Árbitro: Ocón Arráiz (Comité Riojano), que amonestó a los arlequinados Lanzarote, Abraham Paz y Samu.

Incidencias: Partido de la trigésima jornada de Segunda A, disputado en El Arcángel, con terreno de juego en malas condiciones, ante unos 6.500 espectadores

LA CRÓNICA

De un preludio tan respetuoso no pudo salir otra cosa más seria que lo visto anoche en El Arcángel. Ceremonioso hasta en las intenciones, seco por momentos rayando lo corriente y aburrido. Pero tan válido e irreal como lo visto hace una semana escasa. Hay que ir concluyendo que el fútbol es un deporte extraño e inapetente cuando sale de este modo: sin latido en el campo, sin movimiento veloz, sin amenazas. Uno tiende a evaluar los fines por sus medios. Hay quien se queda solo en la anécdota de un resultado como el de ayer: 3-0. Goleada, sí, pero sin esmalte y con moderado optimismo. Los acentos vienen del exterior. El primordial el homenaje al ya mítico Juanín, luego está la derrota previa de Las Palmas que colocaba el play-off de ascenso de nuevo a tiro, la última zurra en Madrid en el subconsciente... Demasiados condimentos para que a los de casa no les temblaran las piernas antes de repartir juego. Porque el fútbol, este deporte aburrido sin velocidad y sin goles que lo mitigue, tiene este gran componente emocional que todo lo varía. ¿Alguien se acordaba ayer por la mañana del futuro de Fuentes, o de López Silva...? Pero, claro, tanto fue el cántaro que... tuvo que ser el lateral de La Fuensanta quien despertara a la gente del sopor pasional. La elección del destino (de donde provengan estas cosas) no es baladí: otro cordobés a punto de expirar --en la grada se pidió su renovación; siempre cosa de dos--, lateral izquierdo para más inri y en un partido de escasas exigencias defensivas. El, Fuentes, abrió el cielo y evitó un gol del Sabadell --por cierto, el rival de turno de ayer, más propicio para la expiación imposible-- cuando el partido ya estaba con la sentencia. Sea, pues, en Sábado de Gloria.

Hasta que Fuentes lo rompió todo, el partido se había quedado en los acordes de chelo del himno de Queco. Quizá fue en el a capela del minuto 8 en recuerdo del divino sordo. O tal vez en las decepciones de una Semana Santa pasada por agua. El caso fue que el duelo tuvo escaso ritmo en sus primeros compases. Hasta hubo pitos a la media hora por tanto sobeteo espeso y adagio.

Menos mal que a la desgana se sumó un Sabadell sin pulso. Carreras --se queda en apellido-- prefirió ordenar la espera en su campo, sin molestar en exceso. Esa escasa ambición y el estado casi febril de los parroquianos de El Arcángel derivó la cosa a un tostón de dimensiones bíblicas. Acaso un tiro lejano de López Silva. O un centro a tierra de nadie de Fede Vico a banda cambiada. Pero como en todo desierto hubo su oasis. A los seis minutos, Rennella se enredó acomodándose el balón y no aprovechó un pase en profundidad en el área que le brindó López Silva. Una advertencia de que el onubense quería y podía.

Hasta los pitos ya dichos, a la media hora de partido (por llamarlo de algún modo) no hubo nada más que toque y temor. Después, en un espejismo de lucidez del Sabadell, estiró líneas de presión e incomodó al Córdoba en sus faenas. Y apareció Ulises Dávila. Un incordio.

La primera del atacante del Chelsea fue a parar flojita a las manos de Alberto García. Al rato, un fallo (de los pocos que hubo en el partido ante semejante ritmo cansino que lo impide por definición) de Caballero provocó el desconcierto generalizado en la primera línea del Córdoba. Conclusión: si el Sabadell hubiera apretado en este partido hubiera puesto en aprietos (valga la redundancia) a los de casa. Pero no lo hizo. No pudo o no quiso.

Rafael Berges sentó en el banquillo para la ocasión a Kiko Olivas y Cristian, titulares en el último partido debacle en Madrid. Buena elección. De Fuentes ya quedó todo dicho. De Alberto Aguilar, la nueva pareja central de Armando, quedó de nuevo expuesta su afinidad con el motrileño: ambos se enriquecen. De la conjunción emergió el Armando de los primeros partidos en el Córdoba, seguro, anticipativo, jerarca. Todo ello sumado a una destacable actuación de Seoane (bien posicionado, expeditivo y generoso con los compañeros) dio respuesta a la buena actuación defensiva del equipo, que dejó la meta a cero.

Quien despertase en la segunda parte no imaginaba tras los primeros compases que el partido iba a acabar en una goleada.

Y menos tras la bienvenida de Ulises, Hidalgo y Collantes desde lejos, que hacían presagiar que el empate al gol de Fuentes estaba al caer. Pero fue otra ilusión.

A los veinte minutos, Xisco hizo acto de aparición. En un breve análisis de medios hacia adelante, aparte Garai (dando equilibrio en la sombra), Caballero ejerció de menos a más de brújula necesaria. López Silva y Fede Vico, de enlaces. Y los de arriba. Pse . Rennella urge reencontrarse desde la calma porque hará mucha falta de aquí al final --¿por qué no se dio a conocer a Pauliño con tanta ventaja?--, ayer, de nuevo, estuvo ansioso y egoísta a veces. Xisco, simplemente, se cuidó. Lo bueno de un caza goles de su entidad es la eficiencia, que quedó demostrada y ya van tres en cuatro partidos: a ritmo de pichichi. Lo de menos fue que Fede Vico hiciera el segundo (72') o que Xisco cerrara la goleada con el tercero (76'), casi idénticos en elaboración coral, lo importante ayer fue que valió para brindárselos a Juanín y, de paso, recuperar a cuatro del play-off la esperanza en un bonito Domingo de Resurrección.