El Lucena está conquistando su sueño semana tras semana, con la misma humildad de siempre. Le ha costado bastante recuperar las sensaciones que le llevaron a hacer historia la pasada temporada, pero han regresado con una capacidad arrolladora. El equipo está demostrando que, sobre todo, tiene alma, condición más que necesaria para estar entre los cuatro primeros al final de la campaña. 16 puntos de los últimos 18 posibles y una sola derrota desde primeros de diciembre han catapultado a los celestes desde la pelea por no descender hasta la ilusionante lucha por jugar la fase de ascenso. Ayer dio un paso de gigante en sus aspiraciones con un triunfo agónico ante el Real Jaén, que se ha convertido de un plumazo en rival directo, gracias a un gol de Fernando en el tiempo añadido que hizo justicia tras las numerosas ocasiones desperdiciadas por los de Rafael Carrillo.

Los locales le plantaron cara al partido desde el inicio, presionando arriba, aunque se encontraron con una defensa rocosa, que demostró por qué es la mejor del grupo cuarto. Peor lo pasó el Lucena atrás por culpa, primero, de un fallo de Obregón que dejó solo a Cascón dentro del área, aunque el punta se encontró con una gran respuesta de Limones. Después, una desaplicación dio pie a otra oportunidad para los visitantes, desperdiciada esta vez por Santi Villa. Poco después llegó la mala noticia de la tarde. Carlos Martínez, con problemas en los isquiotibiales, tuvo que retirarse del campo, dejando su sitio a Juanjo.

OCASIONES FALLADAS Pero si se trata de ocasiones falladas, el Lucena se llevó la palma. Fede y Alex Quillo tuvieron la suya, antes de que precisamente el último fichaje lucentino asistiera a Fernando, quien disparó con fuerza y se encontró con un paradón de Toni García, el primero del portero cordobés, antes de que Arias Madrid decretara el final del periodo inicial.

En la segunda parte, los locales cimentaron su triunfo. Apenas le dieron espacio a un Jaén maniatado que no encontraba su fútbol, superado por el trabajo de Alfaro, Jesús Lanza y Alex Quillo en el centro del campo. Nada más salir de vestuarios, Fernando tiró el balón fuera incomprensiblemente, antes de que Quillo se encontrara una vez más con Toni García.

El guardameta continuó con su exhibición despejando otro disparo del gaditano, absolutamente frustrado con su contrincante. Después la tuvo José Cruz, con un cabezazo flojo que no inquietó a García. Carrillo metió en el campo a todos los hombres de ataque que tenía en el banquillo. Primero fue Oscar y, tras la expulsión del visitante Nino, Pineda. El técnico veía factible el triunfo con el Jaén metido en su campo. Los balones en largo fueron haciendo su misión hasta que Fernando se encontró con el único resquicio de dejó Toni García en su meta, llevando la alegría a una grada que ha pasado de la decepción a la ilusión en dos meses.