Hace 23 años, Jordi Roura dejó sus ilusiones de futbolista esparcidas sobre el césped de San Siro, con la rodilla rota. El responsable de aquel choque que marcó su vida tiene un nombre ilustre, Marco van Basten, y simboliza como nadie lo que aquel equipo representaba. "Uno de los mejores de la historia del fútbol", rememoraba ayer todavía con admiración alguien a quien el destino ha querido recompensar con un regreso que jamás pudo soñar. Aunque dejará como siempre un asiento vacío para Tito, será la mano que guiará a uno de los pocos equipos que puede competir en la historia con aquel Milan.

Hace tiempo que unos y otros andan con los papeles cambiados, y hoy el Barça no tiene nada que envidiar a quien durante una larga época fue un modelo, un club sin tanto nombre capaz de lograr lo que al Barça se le resistía desde siempre: la conquista de Europa, con tres títulos en seis años (1989, 1990 y 1994.

Hoy, los milanistas miran al Camp Nou con aquella misma mirada culé, sintiendo que han equivocado el camino y que el Barça les ha pasado por delante, aunque quede lejos en títulos (4 frente a 7). En el Camp Nou se ha repetido lo que entonces era ciencia ficción, una utopía inimaginable en un club acostumbrado a la derrota. Ya no. Tres Ligas de Campeones en seis años son el testimonio de este cambio de vida, acompañado de una larga lista de títulos y, sobre todo, de la admiración unánime del mundo.

Hace años, los culés suspiraban por Van Basten, Gullit, Maldini y compañía, y ahora Berlusconi daría cualquier cosa por llevarse a Messi y alguno más, sueños prohibidos que no puede comprar, justo él a quien pocas cosas se le resisten. Tampoco el estilo de un equipo, que hoy aparecerá por el estadio de San Siro con el mismo traje que las últimas veces, elegante, y mirando al frente, como siempre, ajeno a las reglas del juego que se imponen en Italia, la especulación, el catenaccio y otros pecados que este Barça nunca comete.

LOS GOLES EN CONTRA No hay nada que negociar a la hora de jugar. En el Barça todos hablan de ganar, un mandamiento que inculcó Guardiola y que se sigue a rajatabla como las tablas de la ley. Tito no está, pero como si estuviera. "Sabe más cosas del equipo que nosotros desde aquí. Se va recuperando muy bien, pero hay que ser prudente", dijo Zubizarreta. Su voz es ahora la de Roura, y la de cada uno de los jugadores, todos fieles al mismo ideario. Valentía pero también un enorme respeto hacia un equipo que se lo ha ganado por los siglos de los siglos. "El Milan siempre da miedo", proclamó Roura, que lleva días y días repasando vídeos con el cuerpo técnico y en contacto permanente con Tito. Del rival y de los goles encajados porque "algún día no nos dará tiempo a remontar".

POCOS CAMBIOS La alineación no parece sujeta a dar muchas vueltas y se da por hecho que jugará el once que ya se asocia a los partidos sin margen de error y que todo el mundo cantaría antes de una final en Wembley. Queda todavía muy lejos y, así, a la vista hay mucho por lo que pelear. Detrás del Milan, llega el Madrid por partida doble. "Esos elefantes se comen poco a poco", advirtió ayer Andoni Zubizarreta. El Milán siempre es una pieza mayor.