Un gol de Tamudo iluminó ayer la popular barriada de Vallecas cuando se veía ya en la más absoluta oscuridad de la Segunda División. A ese temido pozo sin fondo estaba condenado el Rayo cuando el reloj marcaba los minutos de descuento, pero entonces el tiempo se detuvo inesperadamente. Y lo hizo para permitir la irrupción de un eterno veterano que desde anoche también es venerado más allá de Cornellà. Raúl Tamudo marcó uno de los goles más sencillos de su vida para alejar definitivamente al Rayo de una complicadísima situación.

La fortuna del Rayo fue infinita, no por el gol, que también, sino porque Tamudo se encontraba en fuera de juego. Por poco, sí, pero fuera de juego. Y ni el árbitro ni el juez de línea lo vieron. "Sí, ya sé que Tamudo estaba en fuera de juego, pero eso va por lo que nos quitaron el día del Madrid", afirmó José Ramón Sandoval, entrenador del Rayo, a quien se vio soplar y soplar desde el banquillo. "Mi padre murió de muerte súbita, pero después de lo de hoy se ha comprobado que a mi corazón no le parte un rayo", dijo luego en la sala de prensa.

El partido en Vallecas incluso tuvo unos instantes tragicómicos. Y todo empezó cuando Falcao marcó para el Atlético de Madrid en El Madrigal (0-1). Ese resultado hundía al submarino amarillo y salvaba al Rayo si era capaz de marcar ante el Granada, al que ya no le afectaba entonces una posible derrota. Y los jugadores del Rayo se lo hicieron saber a sus colegas. Se les vio hablar y gesticular, especialmente antes de un córner. "Dejaros marcar, que nos va bien a los dos", se debió escuchar, gritar, suplicar. Pero los jugadores del Granada iban a lo suyo: no era momentos para regalos por bien que pintaran las cosas. Segundos más tarde aparecía Tamudo.

La alegría desbordada de Vallecas tuvo su dramático contrapunto en Villarreal, que increíblemente empezó la temporada jugando la Champions y la termina en Segunda División 12 años después de ascender a la Liga de las Estrellas, de la que se convirtió en uno de sus máximos exponentes de la mano de Manuel Pellegrini, que ayer llevó al Málaga a la Champions por primera vez en su historia. "No me lo puedo creer, no me lo puedo creer. Es increíble tanta desgracia en tan solo cinco minutos", decía una y otra vez José Manuel Llaneza, consejero delegado del Villarreal, con la mirada perdida, aturdido.